martes, 9 de marzo de 2010

¡Feliz día mujeres!

Hoy realmente disfruté mucho del día de la mujer. Es muy grato abrir el correo y "acordarte" de tu día cuando los hombres atentos de la empresa te mandan mails con imágenes de flores y con mensajes muy bonitos. Realmente es lindo sentir que a una la tratan como una lady, cosa que en uruguay no estamos muy acostumbradas. Los uruguayos dirán "qué verseros", pero realmente esos detalles nos gustan mucho.

Les dejo una rima de Gustavo Adolfo Bécquer que me mandaron, ya que es la primera vez que recibo un poema en el día de la mujer:

"Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran;
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira;
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas;
mientras exista una mujer hermosa,
¡Habrá poesía!

PD: La imagen la mandó un compañero a la mujeres de la empresa.

sábado, 27 de febrero de 2010

Un minuto

(Foto: BBC)
Sentí los gritos de Felipe y de repente me estaban sacando del brazo de la cama. Dormida aún me costaba pararme porque temblaba todo, y no entendía nada. Iba a salir corriendo pero ya era tarde, el piso y las paredes se movían tan fuerte que lo mejor era esperar. Un minuto duró el terremoto. Un minuto donde la Tierra nos recordó lo frágiles que somos. Sentimos un grado menos por estar en Santiago (7,8 grados Richter), y no en Concepción (8,8). En el mismo minuto por ese grado nosotros vivimos, pero un bebé murió junto con su madre en brazos intentando escapar. Ya van más de 700 los que no vivieron el minuto próximo. Adónde escapar, me preguntaba, y se me erizaban los pelos de la nuca. Adónde. Mientras esperábamos en pijamas en la calle que fuera lo que Dios quiera, pasaban unos borrachos diciendo "terremoto", mientras señalaban su trago. Sonreí y agradecí mucho estar viva, y por poder contar ese minuto.

martes, 16 de febrero de 2010

Versos de mar andino



Mar de Isla Negra, Casa de Pablo Neruda. Litoral, Chile.
El murmullo del mar de la casa de Pablo Neruda nos hipnotizaba.
Las olas se fundían en pasión fría con los murmullos marinos,
para luego traerlos junto con reflejos frescos de agua aturquesada.

Mirábamos el mar, embelesados por ese regalo que la naturaleza nos daba,
ese instante perfecto de aroma salado y viento que nos invadía los oídos.
Qué versos habrá traído ese mar.
Cuántos instantes perfectos habrán inspirado a Pablo Neruda.

Sentada en el banco, ante la inmensidad celeste,
sentí que era el lugar donde el poeta contemplaba la naturaleza infinita.
Tal vez allí mismo escribió una de las cartas de amor a Matilde, su amor más apasionado.
Tal vez pasaba las tardes allí con ella.

Me sentí afortunada de tener algo en común con el poeta andino,
de compartir la naturaleza, ese mismo murmullo,
ese viento salado que hace más de 50 años susurró en sus oídos.

lunes, 15 de febrero de 2010

Cerrado y punto

Los chilenos tienen una capacidad asombrosa de cerrar un tema, de tal forma que cuando pasó, no se habla más. Es cierto que para seguir adelante y ser más productivos conviene concentrarse en lo que vendrá, pero en Chile esto parece ser una máxima. Era lunes y todos estaban callados en la oficina. De repente alguno tomaba café y se reía al comentar alguna anécdota, pero nada más. Los chilenos habían elegido el presidente el día anterior y parecía que el hecho no hubiera sucedido.
"¿Es que no van a hablar?", pensaba yo. Las horas corrían.

-Qué tranquilos estuvieron los festejos de Piñera- comenté. Nos metimos y salimos de la multitud como quien da una vuelta a la manzana.
-Ah, ¿fuiste también?

Pero la conversación no fue más allá de las diferencias con Uruguay en los festejos, si los candidatos se ven el mismo día, y contestarles quién es el presidente de nuestro país.

-El país no va a cambiar porque gane uno u otro candidato.

Y el tema se cerró. Tenían razón, pucha qué prácticos. Como uruguaya me quedé con ganas de discutir al menos sobre por qué se eligió a ese candidato, y sobre lo que pasó y tal vez sobre lo que podría haber pasado...

viernes, 29 de enero de 2010

Libre


Desde que dejé Uruguay, mi relación con el celular cambió totalmente. Prescindí de él por diez días y ahora voy sumando contactos, como una niña que recién empieza a agregar uno por uno pero nadie la llama porque la necesita. Libre. Todo el mundo con sus blackberry, sus llamadas y mensajitos y a mí no me interrumpe nadie. Siento que para mí eso quedó atrás. Pero no es tan fácil, ya voy unos quince contactos y la lista va aumentando de a poco. Voy a seguir disfrutando de estos días en los que caen tres o cuatro mensajitos a la semana.

P.D.: La foto es el empezar de cero, así me sentí cuando llegué: empezar de cero a conocer gente, a trabajar y manejarme en esta gran ciudad sola, con algunos chilenos buenos que me acompañaban.

miércoles, 27 de enero de 2010

¿Uruguay?



Los chilenos no saben nada de Uruguay, sólo que tenemos carne rica y barata y que tomamos mate. Cuando alguno te escucha suelen preguntar, "¿sos de Argentina?" Ahhh sí, como si a los uruguayos nos diera lo mismo que nos confundan con los argentinos. De cuanto chileno me he cruzado, sólo uno me supo decir quién es el presidente de Uruguay, ¿y sabés quién es el entrante? Para weona, apenas sé el que está, no me pidas más. Somos chiquitos, pucha, pensé. No, son ellos los "weones".

P.D.: Por supuesto que en cuanto les decís que sos de Uruguay, te mencionan a Forlán y a Francéscoli. Al menos en el fútbol seguimos bien posicionados, creo.

Malentendidos idiomáticos


Los chilenos creen que hablan español, pero hablan "chileno", sin dudas (Hay un diccionario de modismos chileno-español). Ellos no conciben cómo una no les entiende cuando dialogan. Sobre todo si es sobre la "weada", "weón". La "weada" (huevada, y pronunciada weáa) sirve para designar cualquier objeto o situación. Es muy común que un chileno esté hablando del clima, del recital de música que vio ayer, de la mesa, de las cosas que están encima de la mesa y de que perdió un examen, refiriéndose a cada una de estas cosas como "weada".
-Weón, alcanzame la weada, de aquella weada.
-Ok. ¿Y qué pasó con la weáa ayer, weón?
-Weón, ¿qué weáa?
-La weáa que pasó por la weáa... cachai weón? filete la wea!

Pero ellos siempre entienden de qué "weáa" están hablando, aun sin señalarla ni mencionarla por su nombre. "¿Estai cachando?", te preguntan a cada rato. Y una sonríe y pone la mejor cara de "weona" que entendió pero no tiene nada que agregar.
"Qué weones" pienso, pero esa palabra no la voy usar nunca, me quedo con el che uruguayo.

Nota: por si no quedó claro, "weón" (abreviado wn) viene de "huevón", es similar al "che" uruguayo pero se utiliza también para referirse a un tercero. Puede tener connotaciones negativas también, depende del contexto si uno se queja puede decir "¡qué weón de...!"

lunes, 25 de enero de 2010

Arrrrranquen!


Lo primero que percibí de Santiago de Chile es que sus habitantes son como los uruguayos pero con un cambio acelerado. Es así que uno es pechado todo el tiempo por seres entre 1.55 y 1.75 que caminan apresurados como muñequitos a cuerda. Uno de los lugares digno digno de sentarse a contemplar cómo se pierde la educación civilizada es en el metro:
1- Se divisa el metro a la distancia: ("Prontos") Los chilenos caminan y se forman como un ejército romano.
2- El metro va llegando: Se compilan aún más. Las personas arquean su espalda y adelantan levemente su cabeza, colocándose en posición para correr.
3- El metro para: ("Listos") Se amontonan como hormiguitas en las puertas, manteniendo la posición de carrera.
4- Se abren las puertas: "¡Fuera!" Y salen disparados como caballos que compiten en un hipódromo. Una señora mayor grita porque quiere salir, pero se ve envuelta en el maremárum de personas que la arrastra de nuevo hacia el interior. Lo más gracioso es que una se ríe de la situación y te miran como si fueras una animal.

jueves, 21 de enero de 2010

La despedida

San José de Mayo, Uruguay.
Esa tarde salí a dar la última vuelta por San José. La última. Caminé despacio del brazo de mi hermano, contemplando el vaivén de los árboles, los pocos transeúntes que caminaban sin prisa y las filas de casas sin edificios altos. Nos sentamos en un banco de la plaza y me aferré al brazo de mi hermano. Pasaría más de un año sin verlo, y sin pisar mi pueblito. Miré la plaza por última vez, vi las peatonales iluminadas y los jóvenes tomando mate en el parque, dando la impresión de que el tiempo no corriera en el pago maragato. Disfruté de la última imagen, esa imagen de paz que atesoraré en mi memoria mientras no vuelva...

P.D.: La foto fue tomada por David Leipnitz cuando fue a San José. Le agradezco mucho las fotos hermosas que tomó.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Niñez



Te sentaste solito en la parada esperando que algo pasara. Tus sandalias estaban rotas y tu túnica, sucia. "Qué ómnibus te tomás?" me preguntaste, inocente, luego de que las personas en la parada hiceran caso omiso de ti. Tu mochila con el cierre roto, se abría y se cerraba como una boca. Tu carita sucia, tus ojos oscuros y profundos y tu pelo hirsuto, se mezclaban en una combinación perfecta de inocencia y calle.

Solito, pero decidido. Te adelantaste unos pasos y levantaste tu bracito para tomarte uno de esos ómnibus gigantes que venían rápido. Otra vez caso omiso.
Te sentaste un rato a conversar, y te devoraste mis caramelos de un santiamén. Estabas acostumbrado a que no te prestaran atención, a que los adultos te miren malhumorados como si tu fueras la causa de sus problemas. Niño que miras con ojos esperanzados y cuestionadores, aunque sufres desprecio siendo inocente. Niño que comprendes la realidad aunque no la entiendas del todo, pero siempre muestras tu sonrisa. Porque para comprender hace falta vivir, y tu mirada dura demuestra que has experimentado más de lo deseable para tu edad. Qué diferente eres de tus iguales que ves pasar a diario con mochila nueva y alfajores, en el auto de sus padres. Y qué igual a la vez. Niño, ojalá no pierdas tu alegría y sonríe siempre a los mayores amargados que te ignoran. Porque eres la flor de primavera en medio del invierno gris, inocencia adelantada, ojos almendrados, tristes y sabios, torbellino de energía, espíritu alegre que a veces se va perdiendo. Pequeños duendes que nos arrancan una sonrisa de repente y nos hacen acuerdo de que podemos ser felices. Niño, ojalá nos veamos pronto. Que llegues en hora a la escuela y sano y salvo a tu casa.