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sábado, 7 de mayo de 2011

Mamá sabe

Estaba indecisa y nerviosa, valorando dos trabajos, uno de los cuales implicaría mudarme.

-No sé qué hacer mamá.
-Piensa, medita, escucha lo que sientes. Elige el que más disfrutes, no es una decisión para toda la vida. Cuando regreses a tu país tendrás más tiempo para pensar en algo a futuro, ¿no?
-Es verdad.
-Imaginate que en vez de dos lugares sean dos hombres.  
- ...

Este post va dedicado a una gran mujer, mi mamá, que me hace sonreír con sus consejos lógicos.

martes, 5 de octubre de 2010

La vuelta


El Estadio Centenario, donde se jugó el primer mundial de fútbol.

Sensaciones encontradas

Me preguntaba qué tantas cosas habían cambiado cuando iba en el avión. Estaba ansiosa. Las imágenes acudían a mi mente: los asados, las mateadas, las reuniones donde todos gritábamos y nos reíamos mucho, el viento y el verde llano, las salidas, los bailes, la vida pueblerina. Más ansias. ¿Qué habría cambiado?
-"Descendemos al Aeropuerto Internacional de Carrasco" - dijo una voz en el avión.
Divisé la Torre de Antel, el puerto de Montevideo, y el Estadio Centenario. "Sí! allí se jugó el primer Mundial de fútbol", pensé.
Uruguay me recibió a lo uruguayo. Respiré aire húmedo, denso para mis pulmones. ¡Mis hermanas estaban allí! La tranquilidad, los ómnibus lentos, la gente tomando mate en la calle, sin apuro y riéndose... fue un abrazo de bienvenida. Adoré la rambla de Pocitos, matear como lo hacíamos antes, y me deleité distraída contemplando chicos altos y simpáticos, caraduras que le gritaban a las mujeres en la calle, cero caballerosos, claro. ;) No faltó la tormenta que apresurada nos bañó en diez minutos e hizo un escándalo en el cielo y la tierra. Y saborée un chivito y licores caseros entre charlas fraternales, mientras me aprontaba para salir con mis amigos de la facultad.


Una de las calles centrales de San José de Mayo.
En San José todo estaba igualito. Tranquilo. Asado, más mate, bizcochos y baile. Mi cama, mi cuarto, mi osito Flash de la infancia, mi alhajero preferido. Las conversaciones con mis familia y mis amigos, mi vecina Beba esperándome con cosas ricas para conversar, el baile, las mismas caras. Y la lluvia y el viento fresco, los árboles, la pradera llana. Por un momento sentí que no me había ido. "¿Cómo estás Xime?", y ahí teníamos una charla de unos minutos con conocidos. La amabilidad de la gente que atiende en los comercios, los saludos en la calle y el acento "shh" típico uruguayo me hizo sentir en mi país de nuevo. "Acá te esperamos siempre", era el mensaje que percibía en cada gesto, mirada, sonrisa y ritmo del país. Todo estaba igual. Sentía que para mí habían pasado varios años... pero en el paisito del mate y la pradera verde el reloj no tenía apuro. Noté que mis amigas ya tenían sus vidas planeadas:  trabajos, novios y tal vez comprometerse y casarse allí. Yo no sabía que iba a hacer el año que viene, ni dónde estaría. Reaccioné que no estaba de vuelta, sino sólo de ida... y por unos días. Me sentí bien uruguaya, pero tenía amigos nuevos de otras partes del mundo, me inquietaban otros temas. Fui más consciente de que Uruguay es una aldea, una aldea hermosa y encantadora. Pero yo ahora era una ciudadana del mundo, te entendí de nuevo querida Bárbara. No sabía donde quería estar. Sólo que quería vivir cada momento de mi vida y hacer algo para que este mundo sea un lugar mejor. Y dejar que la vida me sorprenda.

sábado, 24 de abril de 2010

Recuerdos

Hoy me dio por extrañar a mi Uruguay. Es sábado de tarde y la música que escucho me recuerda cuando la cumbia canchera uruguaya empezaba a sonar en el salón de fiestas de al lado de casa. Esa música que anticipaba la noche de joda, que nos encontraríamos con mis amigas a tomar licores. Luego iríamos al baile riéndonos escandalosamente, mirando chicos cuando chiflan y gritan piropos (algunos atrevidos). Hoy sábado hubiera ido a la plaza a tomar mate y a mirar los pájaros volar y los autos pasar. Conversaría con los maragatos que volvíamos de Montevideo sobre quien-anda-con-quien y quien-le-metió-las-guampas-a-quien. Hoy sábado extraño que mi padre me "rete" porque dejo caer la montañita del mate, mientras miramos una película cerca de la chimenea. Hoy hubiera hablado de psicología práctica con mi madre, tal vez peleado un poco con mis hermanos y hubiera saboreado una torta casera de manzana con miel, deliciosa. Seguramente estaría aprontando mi estómago para el asado familiar de los domingos. Mañana disfrutaría la tarde soleada en el parque Rodó, donde saludaría a la vecina, a los compañeros del liceo y a las mismas personas que me encontré el sábado por la calle. O tal vez hubiera ido a conversar con algun amigo a caminar por la rambla de Montevideo, a llenarme de sol y charlas. Quien sabe si un chaparrón me impediría estas cosas, pero respiraría el aire fresco que trae consigo. Hoy extraño a mi Uruguaycito, de gente bromista y relajada, que discute por todo, que toca bocina en las calles y dice "cheee boludooo". Ahora de noche me preparo para salir, sin saber lo que haré ni a quién me encontraré, ya que en la gran ciudad nueva para mí, los únicos conocidos serán los de mi grupo.

jueves, 21 de enero de 2010

La despedida

San José de Mayo, Uruguay.
Esa tarde salí a dar la última vuelta por San José. La última. Caminé despacio del brazo de mi hermano, contemplando el vaivén de los árboles, los pocos transeúntes que caminaban sin prisa y las filas de casas sin edificios altos. Nos sentamos en un banco de la plaza y me aferré al brazo de mi hermano. Pasaría más de un año sin verlo, y sin pisar mi pueblito. Miré la plaza por última vez, vi las peatonales iluminadas y los jóvenes tomando mate en el parque, dando la impresión de que el tiempo no corriera en el pago maragato. Disfruté de la última imagen, esa imagen de paz que atesoraré en mi memoria mientras no vuelva...

P.D.: La foto fue tomada por David Leipnitz cuando fue a San José. Le agradezco mucho las fotos hermosas que tomó.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Ternura



No me acuerdo cuando conocí a Aida, mi vecina de enfrente, porque cuando nací ella había criado allí a sus hijos. Solían llamarla Beba, supongo que por su personalidad de ternura desbordante. Ella es una mujer mayor, de cara redonda y un espíritu joven admirable. Es la abuelita ideal que cualquier niño quisiera tener: cocinaba tortas deliciosas, mermeladas y preparaciones engordantes para nosotros y sus nietos. Lo más divertido eran las tardes de los sábados de mi niñez, en su hamaca de jardín, hermoso jardín cubierto de flores y parras, mirando dibujos animados y degustando sus delicias...

-Adiós -suele decirme cuando me ve desde la puerta de su casa- vení, vení que te tengo que contar algo -con ademanes lentos para que cruce a su casa. Su sonrisa pícara anticipa un historia nueva. Ah sí, ella está al día de los amoríos del doctor, o de la peluquera, o de los señores respetables que se reunen a leer el diario en el club. En actualidad vecinal, ella está al día.

A veces la veo cuando voy a mi ciudad natal, conversando con alguna vecina/amiga de la nieta o cuñada de la tía de la vecina del hermano. Ella tiene un cuento que "tenés que enterarte". Extraño mucho a Beba de verdad. Beba caminando a paso lento como al vaivén de un barco a la deriva. Beba de mis memorias infantiles, Beba que compartes tu alegría con los niños y con la primer persona que lo desee.
Ella aún me invita dos veces al año a probar alguna nueva especialidad casera, sólo tengo que disponer de dos horas, al menos, para visitarla.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Pequeña falta de respeto


Evidentemente los hermanos menores se benefician del mayor. Los resúmenes para los exámenes, las fotocopias, buscar información para las Universidades... presentar amigos y noviecitos en casa. Pero lo mejor de todo (para los menores) es que se benefician del ablandamiento de los padres.

Hace unos años mi hermana chica, que no había cumplido 15, se vestía como para una salida nocturna... pero esa vez se maquillaba.
-¿Mamá, a dónde va Eva?
-Al baile
-¿Del liceo?
-No no, a Basilón.
_¿?

Basilón es una de las discotecas bailables de San José. Dejan entrar menores evidentemente, pero quería averiguar cómo mi hermana logró ir al baile así de fácil y a los 14.
¿Vos pediste? Sí. ¿Y papá no te encajó una lata? ¿Qué lata? ¿No te dio algún consejo? Que no tome mucho. Y... ¿nada más? 
Recuerdo que a los 15, casi 16, me comí el "ojo con los muchachos, el alcohol, la droga que te pueden poner en la bebida y bla bla...". Y ese permiso me costó esfuerzo.

La catorceañera siguió pintándose. Tocaron timbre. ¿Cómo van? Caminando. ¿¿?? Sí, a la 1 de la madrugada.
Convengamos que existen algunas desventajas como soportar los "nada que ver a tu hermana mayor", y como que existe la presión externa de mejorar la reputación familiar si el primero es un desastre, o al menos, mantenerla. Un punto a favor de los menores.

Otras situaciones en las que el mayor debe ser tolerante en la niñez:

-"Sos la más grande, ¿no te da vergüenza?" - la vecina de enfrente desde que yo tenía 6 a 12.
-"Guardame los apuntes de este año, ya sabés" - hermanos menores.

jueves, 29 de mayo de 2008

Ídolos caídos

Sonreí. No podía creer lo que veía.
-¿Cómo estás?
-Hola Manuel, tanto tiempo!
El amor de tu infancia, atlético, que prometía ser un futbolista estrella, repartiendo en el súper, hecho un gordo feo… ¡Qué dolor!
Ver a los “ídolos” de la adolescencia hechos unos escrachos, útiles para nada, vagando en la plaza…
Confieso que sentí un poquito de alegría vengativa… un poquito sí.

martes, 27 de mayo de 2008

Los pobladores y "los findes"

¿Han sentido el dicho: “ser extranjero en su propio país”? Cuando una persona se va del pueblo, pasa a ser algo así como un “extranjero”. Ya no se entera de que aquel se separó de aquella, y de que ésta le metió los cuernos al ex de la amiga del hermano que ahora trabaja en la ferretería… en fin… sale del grupo de “los pobladores” y forma parte de “los findes” (porque vienen algunos fines de semana).
Tus ex compañeras de escuela: “¿y esta que hace acá hoy miércoles?” Y de a poco te vas desextranjerizando y sin querer volvés al mundillo chusma, al que juraste que no irías a caer, pero de pronto te encontrás contándole a un amigo extranjero (de la ciudad), la vida de su novia reciente que vive en la ciudad. Y te das cuenta que conocés a casi todos los que están en las otras mesas del pub (no hay muchos lugares a donde ir, que digamos).

viernes, 11 de abril de 2008

Pica!


La vecina de enfrente fisgoneaba. No había perdido la costumbre, desde que tengo conciencia nos fisgonea a todo el vecindario. Y barre la vereda a las siete de la mañana (esto merece otra anécdota). Me había olvidado después de tantos años de no verla entre semana. Antes de salir de casa, miro en dirección a su ventana y la saludo. ¡Pica! La pillé nuevamente, escondida tras la cortina, mirando a través del vidrio de las puertas de mi casa. Era miércoles. Y yo estaba en San José. Ella se había olvidado de que hasta hace seis años atrás me encantaba pescarla en su tarea de Sherlock Holmes comunitaria.
¡Helou, nos vemos de nuevo!