Cada vez que le cuento a un chileno mi primer experiencia con una palta se ríe descaradamente, así que ¿por qué no compartirlo?
La vi, estaba quieta en la sección de los frutos exóticos. Parecía una pera verde ajena a los manoteos de los consumidores... "mmm... interesante", a $U 20 la unidad (1 dólar). Probemos. Huele a seco, dura como manzana, va para la bolsa y llega a la cocina. La vendedora me había dicho "intenta pelarla", el cajero se había encogido de hombros, y yo, sumándome a la ignorancia paltesca, intenté pelarla. Clavo mis dientes y la dureza amarga me arruga la cara. La meto a hervir para que se ablande. Se resiste la muy extranjera. Ya amarronada, la corto al medio, le retiro la pelota que tenía en el medio, y la muerdo. Huácala. Madera rancia. Pruebo tímidamente la masa exterior amarronada. Huácala. ¡Goma dura! El caldo huácala al cubo. Se va expresa a la basura.
Seis años después, cuando llegué a Chile y me dieron pan con palta, la miré de reojo. La imagen de aquella palta insolente me generó un regusto amargo de mis papilas. Miré ese puré incrédula, la muy amarga parecía "amansada", ahora que yo era la extranjera y ella la locataria. Y estaba deliciosa, tanto, que me encanta ese toque chileno en todas las comidas.
La vi, estaba quieta en la sección de los frutos exóticos. Parecía una pera verde ajena a los manoteos de los consumidores... "mmm... interesante", a $U 20 la unidad (1 dólar). Probemos. Huele a seco, dura como manzana, va para la bolsa y llega a la cocina. La vendedora me había dicho "intenta pelarla", el cajero se había encogido de hombros, y yo, sumándome a la ignorancia paltesca, intenté pelarla. Clavo mis dientes y la dureza amarga me arruga la cara. La meto a hervir para que se ablande. Se resiste la muy extranjera. Ya amarronada, la corto al medio, le retiro la pelota que tenía en el medio, y la muerdo. Huácala. Madera rancia. Pruebo tímidamente la masa exterior amarronada. Huácala. ¡Goma dura! El caldo huácala al cubo. Se va expresa a la basura.
Seis años después, cuando llegué a Chile y me dieron pan con palta, la miré de reojo. La imagen de aquella palta insolente me generó un regusto amargo de mis papilas. Miré ese puré incrédula, la muy amarga parecía "amansada", ahora que yo era la extranjera y ella la locataria. Y estaba deliciosa, tanto, que me encanta ese toque chileno en todas las comidas.








