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sábado, 5 de mayo de 2012

Y cambiaba vidas

José tomaba un jugo disfrutando el frescor nocturno dominical de fines de verano.
 
 
-Termino de trabajar a las 9 de la noche muchas veces. Pero me voy a dormir tranquilo.
-Cada día en tu trabajo entonces cambiás vidas.
 
 
Al otro día lo esperaba Cañal, su pueblo adoptivo chileno. Sus jóvenes voluntarios, que irían a las comunas más humildes a dedicarles su tiempo en educación. José tenía la responsabilidad de guiarlos. Torció su cabeza y sus rulos se movieron graciosamente. Sonrió en paz.

-A veces el trabajo es duro, pero todos los días me levanto temprano, con ánimos de trabajar al máximo.
Le quedaba un largo trayecto de ómnibus. Tomó su mochila y caminó al metro. Su labor en el mundo era tan importante, que no había sueño ni horas de ruta que le dificultaran moverse. Quería terminar su viaje en su Colombia natal, tratando de que fuera un lugar mejor para vivir.

sábado, 14 de abril de 2012

Memorias lluviosas

Las primeras gotas del año caían en esa noche otoñal santiaguina. Miraba los rayos desde la ventana y me acordé de ti, de la noche de principios de invierno antes de conocerte. Había dormido en un gimnasio que casi no tenía diferencia con la temperatura del exterior. Creí que la lluvia furiosa atravesaría el techo de lata como aguijón, mientras el frío penetraba sin piedad en mi sobre de dormir, despertándome de a ratos. Estábamos con un grupo de voluntarios cerca del asentamiento donde construiríamos tu vivienda.
Al día siguiente, en aquella mañana helada te conocí. Nos miraste tímida y ladeaste la cabeza de una forma pícara mientras tu madre nos recibía en tu morada. Tus mejillas paspadas endurecían tus rasgos, junto con tu pelo hirsuto y tu ropa gastada. Con tus hermanos sacabas las prendas mojadas a causa de la tormenta pasada.
 
 
-Por suerte salió el sol- dijiste sonriéndonos.
 
 
Y empezamos a buscar contigo algunas piedras para usar como cimientos de tu vivienda. El barro parecía no querer soltar nuestras botas, pero tu corrías como una atleta olímpica entre los charcos. Parecías muy feliz, guiándonos para encontrar las piedras adecuadas.

sábado, 28 de agosto de 2010

Seis meses sin Tomi

Hace seis meses, un 27 de febrero a Marta le cambió la vida. Recuerdo esa noche apacible de mayo, en un fogón entre jóvenes, las lágrimas volvían a surcar sus mejillas recordando lo que pasó. Ese 27 de febrero sus vecinos salieron corriendo a refugiarse en el cerro, en la punta de los árboles, en donde sea, rezando para que el agua enfurecida del tsunami se llevara lo menos posible de sus vidas. Ella tenía en sus brazos a su hijo de dos años, Tomi. Corrió al primer árbol que pudo, el agua estaba cerca, pero su marido estaba lejos. Rápido, no había tiempo. Se llevó a su Tomi a la punta del árbol para probar suerte y bajar luego de toda esa pesadilla a reencontrarse con su marido, felices como siempre. “¡¡Mamá, mamá!!”, gritaba Tomi, asiéndose con sus manitas a su buzo, “vas a estar bien hijo”, le contestaba ella, y lo agarró con todas sus fuerzas.

"¡¡Mami sujétame!!" La ola ya estaba enfrente a sus narices, ella lloraba y rogaba para que la pesadilla pasara rápido. Su niño lloraba, pataleaba desesperado, "¡Tomi mamá está aquí, mamá está contigo siempre!" Ella sólo pensaba en ellos tres sentados en la mesa como todos los domingos, riendo y retando al niño para que coma toda la comida.
Una fuerza atroz los calló a los dos de repente. El cielo se inundó de agua. Ya no se escuchaba nada, la ola seguía avasallante. Tomi se le resbalaba, la fuerza del agua era incontrolable, "Tomiiiiiiiii", ella hizo su último esfuerzo humano para retenerlo en este mundo... “Mamiiiiiiiiiiii noooooooooooo”.

La ola se lo arrancó de los brazos. Marta vio de nuevo el cielo, pero no a su Tomi. Sus gritos se acallaron, desapareció del horizonte. Ella buceó en el agua, gritando el nombre de su hijo desesperada. Volvió a la tierra, esperanzada de que Tomi se hubiera asido a alguna rama en el camino, pero el agua no perdonó. Su ser de madre que no se perdonaba no haber podido proteger a su Tomi.

No he visto más a Marta, tampoco supe más de ella. Pero hoy me acuerdo especialmente de ella y de los que sufrieron las consecuencias del terremoto y posterior tsunami del 27 de febrero de 2010 en el pueblo de Constitución. Hoy, en memoria de los que no sobrevivieron ese día, les dedico estas palabras, y rezo para que sigan con ese empeño que tenían para salir adelante, cuando los conocimos en esa construcción de mayo.

lunes, 17 de mayo de 2010

El llanto de Morena

Una toma de la calle de la costanera de Constitución a dos meses del terremoto.

Morena contempla el fuego mientras nos habla. Su historia silencia a casi 200 personas. Su vida se había venido al piso junto con las edificaciones destruidas por el terremoto: sin su sobrino, sin su amigo, sin casa, sin trabajo. Morena sonreía amargamente cuando recordaba su vida antes del desastre. Un par de lágrimas surcaban sus mejillas y brillaban a la lumbre del fogón nocturno. Constitución era bien pintoresco, con sus casas de madera cerca de la costa y en el cerro, con pescadores y muelles de postal. La mayoría de las personas trabajaban en la fábrica del pueblo, mientras los chicos iban a la escuela y al liceo. Pero esa imagen sólo permanecía en el discurso de sus pobladores, y en la retina de Morena. Esa imagen de un pueblo sencillo, con gente trabajadora que era feliz, con jóvenes subiendo y bajando entre las casas del cerro. Ahora las escaleras están con escalones rotos, las casas destruidas y las montañas de escombros son parte del paisaje. Miedo. Morena baja la cabeza y sólo se siente el crepitar del fuego. ¿Qué será de Constitución y su gente cálida? ¿Qué será de esos niños que se quedaron sin padres y que ya no corretean felices? Qué será de esos abuelitos que perdieron sus casas, o los que aún se resisten a abandonarlas a pesar del peligro de caerse. Morena alza la mirada. Sabe que es parte de una generación azotada por un terremoto, como le toca a cinco por siglo. Su cara también nos dice que el terremoto no dejó pobres, sólo los evidenció ante nuestra vista. Evidenció la situación de América Latina, esa historia que fue mal escrita y que, como ojos tristes de injusticia, nos miran en la nuca y nos alientan a trabajar para reescribirla.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Adiós Débora, adiós


El otro día fui al asentamiento donde vivías y esperaba que me vinieras a recibir como solías hacer con los visitantes. Pero la noticia no tardó en llegar, como todas las malas noticias. Ya me enteré de que no estás entre nosotros. Cuando Lourdes me describió tu carita ahí me acordé de ti como si te hubiera visto ayer. Sentí el calor de tus abrazos cariñosos. Tu sonrisa radiante y confiada que alegraba a los que te rodeaban. Tu inocencia infantil que inspiraba en nosotros un beso y un abrazo, siempre. Tus ojos bellos color cielo, con pestañas de muñeca que eran la envidia de tus vecinas. Tu pelo lacio y largo, tu soltura infantil, tu simpatía...
Que muerte cruel tuviste, no te la merecías. No te merecías que tu vivienda de madera se incendiara por un cortocircuito, sólo porque no tenías acceso formal a la electricidad. Y te quedaste encerrada con tu hermano, sin poder salir, presa entre las llamas, viva, gritando. Hoy tu risa pícara y tus abrazos cariñosos me vienen a la mente una y otra vez. Claro que me acuerdo de ti Débora, que en paz descanses querida y que Dios te guarde.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Alejandro Magno



Hoy tuve que escribirle a Alejandro. Es un chico de 14 años que vive en el asentamiento 3 de Enero. Hace aproximadamente tres años que se le construyó una vivienda de emergencia a él y a su madre. El año pasado me tocó compartir la mesa con él y la consigna era hacer un resumen de nuestra vida ante el grupo para conocernos un poco más. Él esta vez iba como voluntario, pero cuando había solicitado la vivienda de emergencia pasaba miserias. La lluvia lo despertaba porque le caía en la cara y sabe de frío en los huesos desde pequeño. Cuando la madre no tenía trabajo tenían que racionar el arroz, y pasó mucho tiempo sin probar carne. A los ocho años comenzó a trabajar ayudando a su padrastro porque necesitaban comer.

Afortunadamente ahora están en una mejor situación. Me quedé admirada de su desapego con los bienes materiales y de su visión. "Si yo me tengo que ir a estudiar a otro país me voy, y no tengo que andar preocupándome de que me roben", sonreía como si fuera algo obvio que el resto de los mortales no entendía. "Creo que es más productivo si gano dinero para mejorar como ser humano, estudiar, viajar, aprender y cambiar la sociedad". Y se preguntaba: "¿por qué se preocupan por cosas? ¿no ven que no nos dejan disfrutar tranquilos?". Y seguimos escuchando sin interrumpir.

Me visualizo su cara risueña, típica de un jovencito que tiene ganas de comerse el mundo. Ahora está en 3º del colegio y tiene notas excelentes. Hoy llamé a su madre a las 21.15 y el niño ya estaba durmiendo porque al otro día tenía que estar en pie antes de las 6 de la mañana para ir al colegio. Me miraría con la típica mirada de adolescente como diciendo "¿niño me decís a mí?"

martes, 14 de julio de 2009

Aprender


Un montón de niños estaban alborotados a su alrededor. Apenas entendían cuando hablaba otro idioma, pero esto los divertía. Y lo respetaban. Steve se sentaba en un pilote de madera y los niños lo hacían en el piso y pedían que dijera una palabra en un determinado idioma. Inglés, portugués, español (con un acento raro) y chino. Miraban con ojos ingenuos y desconfiados a la vez, y saltaban como si tuvieran un resorte en el traste cuando escuchaban una palabra bien familiar, en un habla totalmente diferente.

Steve no pudo visitarlos nuevamente, pero les envió una cartita a cada uno de los niños de la familia a la que le construyó la vivienda. Con algunas palabras extranjeras y con un cepillo de dientes para cada uno, para después de las golosinas.

Juventud



Claudio, director social de Un Techo para mi País en América Latina, insistía que este proyecto de integrar a la sociedad para mejorar la situación de pobreza, lo tenemos que llevar adelante los jóvenes.
-¿Por qué? Somos inexperientes.
-Porque somos los únicos que nos vestimos igual para recibir a un diplomático que para ver a los vecinos del asentamiento; los tratamos de "vos" a ambos y somos creíbles. Esa es la llave.

martes, 10 de marzo de 2009

Construir


Ella sabía lo difícil que es construir juntos, partiendo de un terreno a medio pagar. Sobre todo cuando se tiene 19 años, un hijo que amamantar y sin empleo. Por eso cuando abrió a puerta de su "casa" (lo remarcó varias veces), Luján lloraba. Lloraba y miraba a su hijo, hablaba de su esposo que no estaba, pero "vio lo enorme que es el piso". Lloraba y abrazaba a su madre. Porque ahora podía empezar un vida en una "casa propia". Nos abrazó. Y nos invitó a volver para que conozcamos a su esposo.
Esa noche iban a dormir en un colchón para estrenar su casa. Facu gorgojeaba de alegría y miraba preocupado la cara de su madre. Pedía upa, quería reventar los globos que colgaban del techo, y recostaba somnoliento su cabeza al "aupador" de turno. Apretó la cintita azul y blanca y cerró los ojos. El murmullo que hacíamos no parecía molestarle.

lunes, 18 de agosto de 2008

Construcción con personalidades


Andrés, uno de los hijos de Aldo y Verónica, nos hace pasar a su casa. Tiene la carita sucia y paspada, y las manitos frías. “Acá duermo yo, mi hermana allá, y allá atrás mi hermano y mi otro hermano”, señala las cuatro puntas de la cama de arriba de la cucheta. En la de abajo duermen sus padres con la hermana chica. “Pero ustedes nos van a hacer una (casa) muuucho más grande”, y salta entusiasmado. Todavía quedaba mucho por martillar, pero el niño tenía clarísimo que tendría un cuarto sólo para él y sus hermanos, y que podía “jugar adentro” con sus amigos.


“Uno se da cuenta de que ellos también nos están ayudando a nosotros”. – Sergio Blanco.

“Ver el entusiasmo que tienen te da ganas de hacer cosas, levantar tablones, clavar el techo, jugar con los niños”. – Fernando Tetes.

jueves, 8 de mayo de 2008

Ecos vacíos

Estadísticas, números y porcentajes grises. 1 millón de pobres, más de 400 asentamientos en Uruguay. El 50 % de los niños uruguayos son pobres. Casas de chapa y costanero donde se filtra la lluvia y el frío. Ni hablemos de los olores fétidos porque no hay saneamiento. Del hambre, de que la plata no alcanza para comprar la túnica a los nenes, de los robos y la violencia.
Pero cuando ves las caras de la pobreza, las cifras cobran sentido. Conocés a Francisco del 3 de Enero que llega de noche del trabajo para que sus hijos tengan leche y pan. Conocés a Soledad, presidenta del Comunal del 3 de Marzo, que está cansada de luchar por el barrio. Ella gestiona el merendero, sacaba dinero de su bolsillo para cocinar a los nenes del barrio. Su marido construía la policlínica, pero desistió porque terminó soleen la tarea. Llegamos al Centro Comunal del 24 de Enero y vemos un montón de dibujos infantiles y huellas de manos pintadas. Los niños son felices, con sus ropitas gastadas y sus pelotas desinfladas y muñecas rotas. Se nos tiran encima y piden vuelta de carnero. Los niños de “esa” mitad son iguales que los de “nuestra” mitad. Los vecinos de ese millón nos abren sus puertas y nos brindan los datos estadísticos del barrio con la mayor franqueza. “Somos tierra de nadie”, dice resignada Soledad. Como los números, ecos vacíos.

viernes, 18 de abril de 2008

Tic.... tac....

Tic... Matea con su hijo y sus nietas. Ellas son su timón que lo mantienen en éste barco, que ha salido a flote una y mil veces. "Dignidad, mijitas", nos dice Fabián. "Ante todo, dignidad. A mis hijos y a mis nietos siempre intento inculcarles la dignidad".

Tac... Un olor a mierda venía del puente. La basura se acumulaba porque los camiones de deshechos no pasaban más por allí. A media cuadra, dos niños, de no más de cuatro años, correteaban entre ruedas y otros cacharros de metal oxidado. Tenían los pies y la cara llenos de costra. "¿Está mamá?" "No, se fue a la cárcel".

Tic... Unas cuadras más adelante, Nancy llamaba desesperada para tener una posibilidad de conseguir una casita. Le quemaron parte de su casa, amenazaron con hacerle daño a su madre y a sus hijos. Su esposo volvió con la oreja tajeada la semana pasada. Todo por no dejarse robar la moto que tiene para ir a trabajar.

Tac...
Fabián no podía trabajar porque se quebró la cadera. La pensión apenas alcanza para nada. Los trajes que heredó de su padre revelaban un pasado mejor. "¿Pensás que el asentamiento es un buen lugar para vivir?", le preguntamos.

Tic... "¡No!", el miedo de los ojos de Nancy lo dice todo. "Lo era antes, ahora vivimos con miedo". Mientras anoto sus respuestas, la cuñada la llama. Se van para su casa. El hijo menor no percibe del todo la gravedad de la situación. Su retardo no se lo permite. Juega con el perro.

Tac... "No sé, hay gente que hace que lo sea (el asentamiento como un buen lugar para vivir) y otros no", explica Fabián. Los relojes atosigan las paredes de la casa. De todos los tamaños, todos con las agujas estancadas en horas diferentes. Sólo uno tictaquea en hora.

Tic... Nancy apronta la poca ropa que tienen, besa a Roberto en la cabeza y contesta las últimas preguntas con la voz quebrada.

Tac... Para Fabián, sus nietas son lo primero, quiere la casa para ellas.

Tic... Son las 5pm. Fabián tiene todo el tiempo del mundo. Nancy se va. Los nenes siguen solos porque la madre no ha llegado de la cárcel.

Tac...

viernes, 7 de diciembre de 2007

Lo urgente

Es urgente, andamos a mil. Proyecto, exámenes, casamientos, ver a la flia, amigos que se reciben... en fin, no puedo. Nunca tenemos tiempo.
La urgencia de Marisol era atender a su hija Paola, la sexta de ocho hermanos. Paola tiene tres años y no le dice "mamá", ni tampoco le habla a las personas directamente. Cargaba en brazos a Néstor de seis meses, que tiene problemas respiratorios. Lourdes, de nueve años, tranquilizaba como una mamá a Cristian, su hermanito de uno y medio.
Marisol, según ella, tenía todo el tiempo del mundo, cuando los nenes se dormían. Y Jorge, su marido, podía dar una mano los domingos ahora que ya tenían "una casa", para que otros niños también la tengan.

jueves, 18 de octubre de 2007

A casa

El fin de semana me fui a casa. Deseaba encontrarme con el resto de mi familia, estar en mi cama, subir al techo, tener toooodo el espacio del mundo que acá no tengo. No podía evitar acordarme de Lourdes preguntando insistentemente: "¿Tu casa es de material?"

La "casita" en la que vivía con sus padres y sus siete hermanos era de chapa y costanero. Medía tres por cuatro metros como mucho. La que le construimos hace dos semanas es de seis por tres. Y ella estaba feliz, porque decía que era enorme.

lunes, 4 de junio de 2007

Una casa para Valentina

La cara de Valentina se iluminó cuando llegamos a su casa. Si es que se puede llamar casa a un lugar con las paredes de nylon, cartón y chapa. Sus tres hermanos pequeños nos miraban tímidos y desconcertados, preguntándose qué hacíamos allí a las siete de la mañana. El frío había lastimado sus caritas pálidas y se restregaban las manos para calentarse un poco. Valentina tiene doce años. Vive con su madre, su padre, su “padrastro” (la nueva pareja de su madre) y sus tres hermanos pequeños en Granja Cuñetti, un asentamiento cerca de Maldonado. Es delgaducha y tímida. Una vez que entró en confianza, no paraba de preguntar quiénes éramos, de dónde, por qué estábamos allí, qué estudiábamos y qué hacían nuestros padres. Yo le dije que mis padres eran maestros en una escuela de San José. Sus ojos se desorbitaron. “¿En serio?, ¿tenés padres maestros?” Ella no se cansaba de preguntarme si los alumnos los hacían rezongar mucho, si mandaban muchos deberes y si los niños hacían gimnasia. “Yo quiero ser maestra”, decía Valentina. “Es lo que más me gusta de todo”, enfatizó.
Los niños del barrio se iban sumando a la conversación. Luis, un chiquilín de once años se había esforzado todo lo posible por ayudar a construir la casa. Hasta descubrió que había dos clavos que no habían quedado en su lugar debajo de los tablones del piso. “Yo voy a terminar la escuela y ta”, decía Luis. “Para qué vas a seguir? Después te ponés a vender faso y hacés plata”.
¿Cómo explicarle a un niño que eso estaba mal?, ¿que fumar desde los ocho años le arruinaba la salud?
Valentina se empeñaba en explicarle que trabajar era bueno, que enseñar también. Que fumar era malo y vender “eso” también. Era de noche y con los niños colocábamos gomitas en los clavos para las chapas. Estaban orgullosos de sentirse útiles.
Yo tiritaba a causa del frío intenso y lamentaba no tener nada caliente para tomar. “Que calentito está acá”, decía Valentina. “Ahora voy a poder estudiar en este rinconcito, calentita, y no me voy a mojar”. Cerré los ojos un instante y miré para otro lado. Me sentía ridícula quejándome. En ese instante éramos iguales. Pero yo pensaba que cuando llegara a casa me tomaría un café caliente y me acostaría con la bolsa de agua caliente. Ella no veía la hora de mudarse.


Nosotros éramos los de la casa de “Doña Flor y sus dos maridos” según nuestro compañeros de escuela, por la situación en que vivía la familia. Roberto, su pareja actual era padre de Lucas, el niño más chico de la familia. Tiene cáncer de pulmón, de riñón y se le está distribuyendo por el cuerpo. Las pastillas que toma salen dos mil pesos y evitan que le avance el cáncer. Vende cartón, nylon, realiza mantenimiento de jardines y artesanías en yeso que vende en la feria. Hace dos meses que se peleó con Claudia y no sabía si iba a vivir allí, pero igual se endeudó para que su hijo tuviera una casa con su madre. “No me importa con quién viva, sólo quiero lo mejor para él”. La ampliación de la casa sería para el padre de las tres niñas, el ex de Claudia.
El lunes se mudaban para la casa.

Valentina no quería ir al liceo para colaborar en la mudanza, y nos pedía por favor que nos quedáramos a ayudarle a arreglar la casa. Ansiaba que la fuéramos a visitar cuando arreglara su “cuarto” (la casita es de un solo ambiente, pero ese rincón con el que se había encariñado sería su cuarto) y planeaba la disposición de los muebles una vez que se mudaran.
Pronosticaron -2º para la noche del lunes. Imagino que estaría contenta porque como decía ella, tendría un lugar calentito para estudiar.

PD: La construcción fue el 25, 26 y 27 de mayo de 2007. Valentina es la que está de buzo azul a mi derecha.