lunes, 2 de noviembre de 2009

Adiós Débora, adiós


El otro día fui al asentamiento donde vivías y esperaba que me vinieras a recibir como solías hacer con los visitantes. Pero la noticia no tardó en llegar, como todas las malas noticias. Ya me enteré de que no estás entre nosotros. Cuando Lourdes me describió tu carita ahí me acordé de ti como si te hubiera visto ayer. Sentí el calor de tus abrazos cariñosos. Tu sonrisa radiante y confiada que alegraba a los que te rodeaban. Tu inocencia infantil que inspiraba en nosotros un beso y un abrazo, siempre. Tus ojos bellos color cielo, con pestañas de muñeca que eran la envidia de tus vecinas. Tu pelo lacio y largo, tu soltura infantil, tu simpatía...
Que muerte cruel tuviste, no te la merecías. No te merecías que tu vivienda de madera se incendiara por un cortocircuito, sólo porque no tenías acceso formal a la electricidad. Y te quedaste encerrada con tu hermano, sin poder salir, presa entre las llamas, viva, gritando. Hoy tu risa pícara y tus abrazos cariñosos me vienen a la mente una y otra vez. Claro que me acuerdo de ti Débora, que en paz descanses querida y que Dios te guarde.

3 comentarios:

anonetoy dijo...

Laputaqueloparió.

Anónimo dijo...

Me conmoviste. Lograste traerme a la chiquita desde el más allá,para conocerla apenas,quererla enseguida,apiadarme de ella
y llorar por su prematuro final. Luego la devolviste con el cariño de todos a su descanso eterno. cbg.

Natilla dijo...

Gracias Cbg por tus comentarios en los post, me honras con lo que me dices. Un gusto tenerte como lectora y me encantaría que lo sigas siendo. Un abrazo