domingo, 24 de abril de 2011

Inquietudes paternales

Esa tarde de abril lluviosa a Ricardo le preocupaba una cosa: que su único hijo fuera feliz en su viaje. Ese año tal vez sería más largo que los anteriores. Los almuerzos de los domingos, los asados y las conversas al lado de la chimenea tendrían gusto a nido vacío. Me recordó a las últimas semanas en Uruguay, compartiendo los últimos mates y manjares caseros con mi familia. Vi la misma mirada afectuosa que tenía mi padre, incierta ante una situación nueva en la que ya era difícil orientarnos: "¿Qué harás?, ¿quién te recibirá?, ¿cómo te tratarán?, ¿estarás bien?", expresaban sus ojos.
Creí entender mejor sus inquietudes. Nuestro mundo de aventurarnos a lo desconocido y de amigos internacionales y cibernéticos era un mundo que ellos no podían visitar ni siquiera en sueños.

"¿Cómo hacen para conservar la amistad, si cada uno vuelve a su país?", nos pregunta.

No lo sabía. Miré a Aline y a Sebastián para ver si ellos tenían una respuesta. Creo que ninguno lo había pensado seriamente.

"Ya lo vivirán ustedes con sus hijos", nos dijo con una sonrisa sabia, cómplice  nuestro a futuro por aceptar decisiones sin tener certezas, sólo con amor y confianza.

Me imaginé a mis hijos viajando, para otro planeta quizás, pero que confiaría en ellos, ya que probablemente tenga menos respuestas aún para sus vidas. 

miércoles, 13 de abril de 2011

Experiencia paltesca

Cada vez que le cuento a un chileno mi primer experiencia con una palta se ríe descaradamente, así que ¿por qué no compartirlo?
La vi, estaba quieta en la sección de los frutos exóticos. Parecía una pera verde ajena a los manoteos de los consumidores... "mmm... interesante", a $U 20 la unidad (1 dólar). Probemos. Huele a seco, dura como manzana, va para la bolsa y llega a la cocina. La vendedora me había dicho "intenta pelarla", el cajero se había encogido de hombros, y yo, sumándome a la ignorancia paltesca, intenté pelarla. Clavo mis dientes y la dureza amarga me arruga la cara. La meto a hervir para que se ablande. Se resiste la muy extranjera. Ya amarronada, la corto al medio, le retiro la pelota que tenía en el medio, y la muerdo. Huácala.  Madera rancia. Pruebo tímidamente la masa exterior amarronada. Huácala. ¡Goma dura! El caldo huácala al cubo. Se va expresa a la basura.

Seis años después, cuando llegué a Chile y me dieron pan con palta, la miré de reojo. La imagen de aquella palta insolente me generó un regusto amargo de mis papilas. Miré ese puré incrédula, la muy amarga parecía "amansada", ahora que yo era la extranjera y ella la locataria. Y estaba deliciosa, tanto, que me encanta ese toque chileno en todas las comidas. 

miércoles, 23 de marzo de 2011

Río merece más de un post II

Carnaval de Río de Janeiro en plena samba.
Cidade maravilhosa, nombre perfecto para la ciudad cariôca. Cariôca, se siente por todos lados. Berequeté cariôca es de alegria, pieles morenas lustrosas y cuerpos bien formados. Sonrisas blancas  risas, saltos e indumentarias estrafalariamente eufóricas. Cuerpos danzando entre la selva y el pavimento, la playa y los cerros, la lluvia y el calor agobiante, las playas burguesas y las favelas violentas. Berequeté de Rio cariôca  que inspira fiesta salvaje, talones en el aire al son de los blocos y caderas cantoneadas al compas, brazos ondeando en el aire caliente, y cabezas de risa eufórica avanzan por la costanera de Ipanema. Berequeté de corazones contentos entregándose a la fiesta de cantos y zamba disfrazada. 

Disfraces en Río.
Los brazos danzarinos cortaban el aire urbanoselvático de la ciudad tropical . Piernas morenas, blancas, cabellos rubios, castaños, negros, multiculturales acompañan el berequeté de tambores y las panderetas que dan ritmo al carnaval. Se expira "paixao cariôca" que avanza en bloque. La ciudad se llena los pulmones de musica y estallan las risas por las calles de la cidade maravilhosa, deseando que el carnaval perdure por la eternidad.

Les dejo un clásico del carnaval que fue muy sonado en el Carnaval 2011 en Río: Vou festejar de Beth Carvalho.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Río merece más de un post

Cristo Redentor visto desde el Carnaval. Río de Janeiro, Brasil.
Una humedad densa entraba en mis pulmones. Cuando llegué a Río de Janeiro un espinazo desde el cuello me sacudió la espalda. Vivi una mezcla extraña de desigualdad morena y alegria rubia  en una fusión casi violenta. Un chico amenazante me exigía 50 reales, y todos veian sin hacer nada. Cuando viajaba para la casa de Gabriela sentí que iba en la montaña rusa. El ómnibus saltaba y hacia unos virajes tan violentos que los pasajeros se balconeaban para todos lados aferrándose a lo primero que encontraran para no caer por el pasillo. El ómnibus iba por ese camino salvaje que impedia ver el fondo de la ciudad, verde tropical. Fantaseé que estaba viajando en una liana, miré la calle, se me dibujaban monos multiraciales que subian y bajaban de la flora espesa, y se internaban en ella. Río me daba su bienvenida, tropical, caliente, húmeda, hermosa, alegre, multicultural, maravillosa. Me apronto para vivir el carnaval.

Foto: La estatua del Cristo Redentor. Es una de las siete maravillas del mundo moderno y es el Cristo más grande del mundo. Con mi amiga Tamires decíamos que era necesario un Cristo de tal tamaño para que perdone los pecados de la ciudad maravillosa.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Arremolinamientos chilenocandentes

Para los santiaguinos es difícil compartir sus "espacios" personales, según los extranjeros con los que he hablado. Salvo algunas excepciones, es difícil que te integren con su grupo de amigos, y menos con su familia. Salvo en la intimidad de pareja. La intimidad es un jolgorio de latidos veraniegos para los jóvenes y no tan jóvenes. El metro es el lugar por excelencia. Pero si caminas por un parque a las 4 de la tarde la gente no se asombra cuando se topa con cinco parejas en pleno romanticismo callejero, que yacen en un colchón de naturaleza fresca haciendo caso omiso de las bocinas y las conversaciones. Y se zampan en un amasijo estridente, con los cabellos flotando en una pasión oceánica verde . Los transeúntes intentan esquivar tanto arremolinamiento, pero sólo atinan a arrastrar a los niños de la mano para que no se tropiecen con alguna ráfaga de suspiros ahogados que les llegue a los pies. Mi amiga colombiana comenta que en su tierra esa pasión es privada.  "Podrían cambiarse de parejas si viene uno con un silbato", dice nuestro amigo chileno. Nos reímos. Tal vez nos equivocamos con mi amiga, en que los santiaguinos les cuesta compartir sus espacios. Cada cual  tiene su manera, ¿no?

sábado, 8 de enero de 2011

Mandamientos existenciales

-Es obvio que las mujeres siempre son las que mandan - dice mi amigo Nicolás B.
-Ooobvio ;) - le contesté - ¿pero acá en Chile ustedes no son los que mandan? 
-Chile es un país en el que el hombre puede decir que manda y que le crean -
-¿Ah sí?
-Sí, pero en el fondo manda la mujer. 
-Mirá vos.
-La mujer es tan hábil que le hace creer al hombre que manda. Y él lo dice y le creen.
-¿Entonces?
-La mujer tiene el poder siempre. Porque tiene el control. Ya te imaginarás por qué.

miércoles, 5 de enero de 2011

Un año en Chile

Hoy hace un año que estoy viviendo en Chile. Pienso que el 2010 fue un año espléndido en lo personal. Me vine el 6 de enero a Chile, de intercambio por 15 meses. Fue todo nuevo para mí, lleno de vivencias increíbles, pasé por momentos tristes, conocí personas encantadoras. Sonreí: había descubierto el mundo, me sentía una ciudadana global. Pude experimentar por mí misma lo que mis queridos extranjeros vivieron en Uruguay en el 2009. Sé que puedo viajar y visitarlos, y conocer lugares nuevos, sus familias, sus países, sus raíces. Me di cuenta de que hay gente bonita en todos lados, y que tendremos problemas, pero que de nuestra actitud depende que seamos felices.
Se me termina la práctica en Chile en abril. ¿Señal de volver? Se me dibujó la rambla montevideana, el sonido de las olas, el viento constante, la gente amable y escandalosa, riendose sin causa. La tranquilidad, mi familia, los asados, los bailes con chicos altos y cancheros que te invitan a bailar. Sentí que quería volver a Uruguay, pero que aún no era hora. Sentí que Chile me pedía que me quedara un tiempo más, que aún tenía cosas para dar aquí, y que aún tenía sorpresas gratas para darme. Aunque me di cuenta de que Chile no es mi país. Mi destino es seguir camino, queda mucho por recorrer.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Navidad

Raquel todas las Navidades le pedía a sus familiares que compraran un regalito, para luego ella llevarlos a los niños con cáncer del hospital. A sus hijos les pedía un juguete que fuera de sus favoritos. "La vida es un búmeran", dice Raquel, con la voz quebrada. "Ahora tengo a mi hijo en este hospital". Y el chico recibía sus regalos navideños ese día.

"Doctor, dígame si me voy a morir, porque si es así prefiero morirme ahora y no tres meses después y dejar a mis padres en la calle", fueron las palabras de su hijo Nicolás, cuando se enteró de su enfermedad. En Chile, los tratamientos de cáncer para una familia como la de Raquel implican que venda su casa para pagarlo, decirle que no a sus otros hijos para estudiar, o comprarse ropa. "Esta fiesta me recuerda lo doloroso que ha sido para todos la enfermedad de mi hijo; él ha hecho un esfuerzo sobrehumano por recuperarse", explica Raquel. Sus ojos se turbian. Ella tuvo que soportar que no la quisieran llevar en taxi porque el chico usaba tapaboca, y solía ser blanco de las miradas esquivas a su alrededor. 

Nicolás nos sonríe y nos convida con pizza. Nos cede el asiento como un caballero, y se va a jugar fútbol, como cualquier chico de su edad, contento porque se acerca una Navidad más.

El cáncer no es contagioso, es muy difícil de sobrellevar. A pesar de eso, el 70% de los niños se recuperan.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Sabiduría

Valentina sonríe y recibe sus regalos en el día del niño. Come torta, abraza a su mamá y observa a los asistentes con su cara amable. Ella y los demás niños del Hospital Sótero del Río (Santiago, Chile) padecen de cáncer. Me llamó la atención su mirada sabia, su alegría con una pincelada taciturna, su risa al igual que los otros niños del lugar. Me acerqué a ella y empezamos a conversar. Tiene una hermana, va a la escuela y sus notas son muy buenas, según lo que me dijo.
-Vale, ¿qué te gustaría ser de grande?
-No lo sé, sólo sé que me va a ir bien en el colegio, y después pensaré - responde con calma.
-Bien pensado - le dije. 
Antes de que me dejara continuar, agregó:
-Sé que quiero ser feliz y tener hijos. - Sonríe.- ¿Y tú?
-También linda. ¿Tienes amigos?
-¡Sí! Tengo algunos de la escuela, pero ya no los puedo ver seguido ahora porque no puedo salir como antes (la niña estaba en una recaída y sus tratamientos eran más intensivos). Aunque acá tengo muy buenos amigos.

Me cautivaba que usara las palabras justas, sin lucirse, sin manifestar ningún capricho infantil. Cuando me despedí, me abrazó y cerró los ojos. Se quedó un rato así, como viviendo cada segundo de ese momento.  Ahora creí entender su mirada sabia: Valentina había aprendido a disfrutar de las cosas simples de la vida,  viviendo momentos únicos, porque sabía que su juego tal vez terminaría antes de lo pensado.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Lenguaje

Lenguaje. Una palabra perfecta que construye mundos únicos.
El lenguaje revela personas, revela historias.
Porque somos seres históricos que construimos basados en lo que hemos vivido.
Cada palabra es única en cada persona. El juego es divertido. Nos desnuda el alma. Nos construye.
El lenguaje es intenso. Revela vida, sentimiento, experiencia, compromiso.
El lenguaje nos habla acerca de la persona que lo elabora, nos muestra su identidad.
El lenguaje revela pasado, habla del presente y construye el futuro.
Deseo, negación, construcción, vida, sufrimiento. Frío y caliente. El lenguaje es nuestra huella.
Es intención, es amor. Amor más allá de todo.
¿Qué pasaría si todos escucháramos?