sábado, 19 de septiembre de 2009

Ternura



No me acuerdo cuando conocí a Aida, mi vecina de enfrente, porque cuando nací ella había criado allí a sus hijos. Solían llamarla Beba, supongo que por su personalidad de ternura desbordante. Ella es una mujer mayor, de cara redonda y un espíritu joven admirable. Es la abuelita ideal que cualquier niño quisiera tener: cocinaba tortas deliciosas, mermeladas y preparaciones engordantes para nosotros y sus nietos. Lo más divertido eran las tardes de los sábados de mi niñez, en su hamaca de jardín, hermoso jardín cubierto de flores y parras, mirando dibujos animados y degustando sus delicias...

-Adiós -suele decirme cuando me ve desde la puerta de su casa- vení, vení que te tengo que contar algo -con ademanes lentos para que cruce a su casa. Su sonrisa pícara anticipa un historia nueva. Ah sí, ella está al día de los amoríos del doctor, o de la peluquera, o de los señores respetables que se reunen a leer el diario en el club. En actualidad vecinal, ella está al día.

A veces la veo cuando voy a mi ciudad natal, conversando con alguna vecina/amiga de la nieta o cuñada de la tía de la vecina del hermano. Ella tiene un cuento que "tenés que enterarte". Extraño mucho a Beba de verdad. Beba caminando a paso lento como al vaivén de un barco a la deriva. Beba de mis memorias infantiles, Beba que compartes tu alegría con los niños y con la primer persona que lo desee.
Ella aún me invita dos veces al año a probar alguna nueva especialidad casera, sólo tengo que disponer de dos horas, al menos, para visitarla.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Una valija con alma



Daniela me recibió toda risueña en su casa, encantada de mostrarme fotos de su casamiento. Se la veía muy divertida rememorando los días en que conoció a su esposo. "En el primer día de noviazgo Alfredo me dijo que íbamos a tener muchos hijos", se reía, confesando que hoy en día tendría que haberse asustado un poquito, ya que tenía quince años en ese entonces. "Y así vinieron uno atrás de otro como botón de chaleco", se reía Daniela, mostrándome una foto de sus diez hijos. Ella recuerda cuando sus mayores eran pequeños, Daniela aún estudiaba y trabajaba después de que se recibió.
A su edad me encantaría ser como ella, con 48 años tiene una cara luminosa y una sonrisa joven. Además de conservar la línea perfectamente sin clínicas estéticas, a pesar de la numerosa producción filial. Recuerdo lo que aconsejó a las parejas jóvenes: "El matrimonio es sacar cosas de la valija de cada uno para armar una en conjunto".

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Alejandro Magno



Hoy tuve que escribirle a Alejandro. Es un chico de 14 años que vive en el asentamiento 3 de Enero. Hace aproximadamente tres años que se le construyó una vivienda de emergencia a él y a su madre. El año pasado me tocó compartir la mesa con él y la consigna era hacer un resumen de nuestra vida ante el grupo para conocernos un poco más. Él esta vez iba como voluntario, pero cuando había solicitado la vivienda de emergencia pasaba miserias. La lluvia lo despertaba porque le caía en la cara y sabe de frío en los huesos desde pequeño. Cuando la madre no tenía trabajo tenían que racionar el arroz, y pasó mucho tiempo sin probar carne. A los ocho años comenzó a trabajar ayudando a su padrastro porque necesitaban comer.

Afortunadamente ahora están en una mejor situación. Me quedé admirada de su desapego con los bienes materiales y de su visión. "Si yo me tengo que ir a estudiar a otro país me voy, y no tengo que andar preocupándome de que me roben", sonreía como si fuera algo obvio que el resto de los mortales no entendía. "Creo que es más productivo si gano dinero para mejorar como ser humano, estudiar, viajar, aprender y cambiar la sociedad". Y se preguntaba: "¿por qué se preocupan por cosas? ¿no ven que no nos dejan disfrutar tranquilos?". Y seguimos escuchando sin interrumpir.

Me visualizo su cara risueña, típica de un jovencito que tiene ganas de comerse el mundo. Ahora está en 3º del colegio y tiene notas excelentes. Hoy llamé a su madre a las 21.15 y el niño ya estaba durmiendo porque al otro día tenía que estar en pie antes de las 6 de la mañana para ir al colegio. Me miraría con la típica mirada de adolescente como diciendo "¿niño me decís a mí?"

martes, 14 de julio de 2009

Aprender


Un montón de niños estaban alborotados a su alrededor. Apenas entendían cuando hablaba otro idioma, pero esto los divertía. Y lo respetaban. Steve se sentaba en un pilote de madera y los niños lo hacían en el piso y pedían que dijera una palabra en un determinado idioma. Inglés, portugués, español (con un acento raro) y chino. Miraban con ojos ingenuos y desconfiados a la vez, y saltaban como si tuvieran un resorte en el traste cuando escuchaban una palabra bien familiar, en un habla totalmente diferente.

Steve no pudo visitarlos nuevamente, pero les envió una cartita a cada uno de los niños de la familia a la que le construyó la vivienda. Con algunas palabras extranjeras y con un cepillo de dientes para cada uno, para después de las golosinas.

Juventud



Claudio, director social de Un Techo para mi País en América Latina, insistía que este proyecto de integrar a la sociedad para mejorar la situación de pobreza, lo tenemos que llevar adelante los jóvenes.
-¿Por qué? Somos inexperientes.
-Porque somos los únicos que nos vestimos igual para recibir a un diplomático que para ver a los vecinos del asentamiento; los tratamos de "vos" a ambos y somos creíbles. Esa es la llave.

sábado, 20 de junio de 2009

Nachspeise de recuerdos


Tilla me esperaba en su apartamento con un delicioso Nachspeise (budín), con nueces y dulce de Guayaba. Nos sentamos a tomar el café en tazas y platos de porcelana, como dos damas inglesas.
-Tilla, ¿es verdad que te casaste a los nueve días de noviazgo? - No podía creerlo-.

Tilla es una abuelita alemana que se vino muy joven de su país. Ella se casó con un joven polaco-judío intelectual, de quien se enamoró perdidamente cuando lo conoció.
La II Guerra la había hecho madurar. A ambos. Los dos hermanos de Tilla murieron en la guerra, y cuando ésta finalizó, el pueblo alemán cargaba la culpa sobre sus hombros.
-¿Sabes muchacha? Yo creo que era una inconsciente -sonríe nostálgica-. Pero los dos estábamos seguros de que queríamos dejar el pasado atrás. Tanta muerte... nosotros apostamos a construir un futuro. Y a construir la comunidad alemana en Uruguay.

Nueve días... creo que pude entenderla, no lo sé. Tal vez nunca lo sabré. Ella sólo necesitó nueve días para darse cuenta de que él era el hombre de su vida. De que quería recuperar la dignidad de su país, y una comunidad nueva.
-Esos tiempos... a los 20 años me hicieron ver las cosas muy claro -decía mientras tomaba otro sorbo de café-.
La vista desde el ventanal era impecable. Se veía el agua y atrás toda la ciudad. Esa ciudad donde construyeron su vida juntos, donde depositaron todas sus esperanzas. Me dijo que me iba a regalar una de las novelas que escribió su esposo. Estoy ansiosa por leerla.

martes, 10 de marzo de 2009

Construir


Ella sabía lo difícil que es construir juntos, partiendo de un terreno a medio pagar. Sobre todo cuando se tiene 19 años, un hijo que amamantar y sin empleo. Por eso cuando abrió a puerta de su "casa" (lo remarcó varias veces), Luján lloraba. Lloraba y miraba a su hijo, hablaba de su esposo que no estaba, pero "vio lo enorme que es el piso". Lloraba y abrazaba a su madre. Porque ahora podía empezar un vida en una "casa propia". Nos abrazó. Y nos invitó a volver para que conozcamos a su esposo.
Esa noche iban a dormir en un colchón para estrenar su casa. Facu gorgojeaba de alegría y miraba preocupado la cara de su madre. Pedía upa, quería reventar los globos que colgaban del techo, y recostaba somnoliento su cabeza al "aupador" de turno. Apretó la cintita azul y blanca y cerró los ojos. El murmullo que hacíamos no parecía molestarle.

Letras de Lincoln


Me había encariñado con esa vieja compu con Windows 98 que se trancaba si abría más de tres páginas. "Si no te la llevamos Lincoln te la va a reclamar", se reían los informáticos del diario El Observador. Viché por última vez los nombres de los archivos de Lincoln Maiztegui Casas, el conocido historiador uruguayo. Tenía textos de Schubert, Julio Pérez Bueno y Wilson A. Videla, entre otros. Un programa de juego de ajedrez y varios archivos relacionados con el tema inundaban el escritoro. Una misteriosa carpeta de Jack the Ripper, me tentó varias veces de abrirla, pero la única vez que cedí fue para vichar dos fotos de la carpeta Fotos Lincoln. Estaba sentado en un sillón con la raya al costado y mirada inquisidora, como si adivinara que era una intrusa en sus archivos. Me pregunto si el historiador usaba el msn.

Dos por tres miraba para la puerta, esperando que el dueño de la computadora viniera por ella. "Tiene archivos de Lincoln...", atiné a decir antes de que los informáticos cambiaran mi computadora. Pero esos archivos ya habían sido publicados. Al menos me quedo con su monitor, y sigo trabajando en su puesto en la redacción. 

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Festejos y chinchines


Fin de Año, comienzo del otro. La gente parece que va a vaciar los supermercados. Un niño canta "Güi güiyu a merry crisma" con una sinrisa gigante mientras corretea. Faltan unas horas nomás. De camino a casa ya voy disfrutando por adelantado los bocados dulces y salados de esta noche, y el clericot y daikiri caseros, ¡infaltables en las Fiestas!
¡Muy Feliz 2009 para todos! Ahora hay que esperar la fiebre de la primera quincena en la playa.¡ Auch!

domingo, 21 de diciembre de 2008

Pispeos indiscretas


¿No te das cuenta?
-No, ¿de qué?
-De que en este momento te estoy mirando - decía con su mirada muda como suele suceder a causa de los lentes oscuros.
-Ah, ¿pispeas?
-¡Claro! Lo mejor de todo es mirar a los hombres sin que se enteren.
-¡Jaja! Buen punto. ¿Y qué pasa si te acostumbrás?

Buen punto, con los lentes de descanso también se le iban los ojos. Después de todo, las mujeres no quedan mal haciendo esas cositas.