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domingo, 25 de marzo de 2018

Cartas desde Japón

Kinkaku-ji, Golden Temple, Kioto.

¿Qué significa desarrollo y progreso? Desde el minuto uno en el que llegamos a Japón, sentí que estaba en el primer mundo, de verdad. Un lugar donde vi una educación del ser humano que no creí que existiera en el mundo. Una sintonía entre tres aspectos: material, intelectual y espiritual que forman una pirámide de perfección, de altos estándares. 
Una convergencia entre el mundo occidental, reflejado en la modernidad e indumentaria de Tokio, y el mundo oriental, más presente en los templos y tradiciones de Kioto. El orden, la limpieza y la puntualidad son las primeras señales de que todo funciona con una perfección milimétrica, en equilibrio y armonía, acompañado de una excelente vocación de servicio.


Una esquina en Shinjuku, uno de los barrios más transitados en Tokio
A las afueras del Palacio Imperial, Tokio.
Fushimi Inari-Taisha, el templo de las 10 mil puertas, Kioto.


Cherry Blossom, flores típicas de los jardines en Japón.

La experiencia única
Cada detalle es importante. En Japón entendí lo que es brindar una vivencia de calidad. Ir al baño es una experiencia representativa de la filosofía de vida nipona. Entras a cualquier baño público y está limpio, con jabón, papel y agua. Tienen muchos baños y no encontramos ninguno sucio, ni siquiera en los lugares de difícil acceso. En algunos casos, entras y la tapa se levanta. El water está calentito, hay una variedad de botones, funciones de bidet para hombres y para mujeres (con distinta inclinación del chorro de agua), desinfectante para limpiar y cisterna automática, entre otros botones que no supe descifrar para qué sirven. En algunos baños hay flores. Cualquier experiencia en Japón sorprende, toca los puntos imaginables y más. Es minimalista, simple, pero con puntos que cubren una necesidad y el buen gusto, todo esto hace que sea sofisticada. Así son todas las vivencias: desde entrar a un museo, la fila ordenada, los trenes, la gente servicial y respetuosa, un asistente en el supermercado explicándote con detalle, como si su misión en la tierra fuera ayudarte. La gente que te atiende te dice “arigató gozaimá” -gracias en japonés- tres veces, seguido de una pequeña reverencia. En los lugares públicos hay huellas impresas en el piso para indicarte donde debes esperar, las calles, parques y accesos a lugares está señalizado a un extremo para que lo siga un niño, o un lisiado, y los trenes y buses te dan información útil en cuatro idiomas. Para los amantes de la moda, los zapatos y la indumentaria japonesa, hace honor a esta cultura: diseños únicos, sobrios, elegantes y funcionales. La ropa para el frío es liviana pero abriga mucho. Quedé loca con los zapatos, no me imaginé que podían existir tantos diseños de zapatos hermosos, de tela, bordados, con perlas, elegantes, con taco medio y confortables.
El espejo de un baño del hotel.
La parte donde uno se mira está diseñada para que no se empañe.



El water tiene la tapa caliente y varios botones.
También un gel con limpiador  para dejarlo limpio luego de usarlo.

Continuará

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cartas desde Asia - Espiritualidad encapsulada en sonrisas en Myanmar

Amanecer en Bagan, Myanmar. 
Cuando vi la película "The Lady", quedé tan impresionada con la historia de Myanmar (ex Burma o Birmania) que dije que seguro iría a conocerlo. La mujer a la que hace referencia la película, Aung San Suu Kyi, es la presidente actual de Myanmar, para los lugareños es una heroína que volvió a su tierra para luchar por la libertad, hipotecando así su libertad personal y su familia. Después de 40 años de dictadura, Myanmar se abre al mundo y recibe a sus turistas con una experiencia que sacude el estilo de vida al que estamos acostumbrados en occidente.

Menos es más. Nunca entendí tanto este concepto como cuando estuve en Myanmar.

Después de una noche de viaje amanecimos en Bagan, un pueblo de templos. Arrancamos en una moto eléctrica que no andaba a más de 23 km/h a ver el amanecer. Estaba muy frío y había que descalzarse sin medias en el suelo helado, pero el espectáculo a continuación era tan supremo que te olvidabas de todo lo mundano. George Orwell y otros escritores se han inspirado con el amanecer de Bagan, y no es para menos: místico, sublime, naturaleza en su máximo esplendor, como si le brindara su obra maestra a Dios. A medida que se aclara el cielo, los templos se asoman en el descampado. Los hay del tamaño de dos hectáreas, los grandes como una casa o pequeños como la cucha del perro. El mar de templos se extiende hasta el horizonte, blancos, de ladrillo y con oro, enmarcados con globos aerostáticos que sobrevuelan el cielo. Dicen que quedan 2000 de los 4000 que se construyeron. En otro amanecer el toque original fueron las nubes pintadas en un tornasol a medida, y el sol escondido las empujaba suavemente. Cada amanecer es una obra de arte diferente.

Los atardeceres también tienen su encanto nostálgico, con tonalidades naranjoamarillas que juguetean en las cúpulas de los templos hasta el ocaso. Es lindo ver procesiones de motos y bicicletas yendo a ver tal espectáculo natural, con turistas y oriundos que trepan a los templos para imbuirse en el encanto celestial. Un hecho que nos suele pasar desapercibido, en Bagán es majestuoso.


La religiosidad es fundamental en la vida de los birmanos; Buda es su divinidad: lo ves en todos los tamaños, sentados en distintas poses, acostado, sonriendo, pintado con distintas túnicas, como un amigo que te acompaña. ¡Los ves bañados y macizos en oro, nunca vi tanto oro junto en mi vida!
La gente se arrodilla en masa a rezar y dar ofrendas. En Yangón la pagoda principal es gigantesca y con templos llenos de oro. La gente se agolpa en las noches y en las mañanas como si fuera a entrar a un estadio (sin violencia), para rezar.




"¿Acá a nadie se le ocurre desprenderle la uña a un Buda?" -mi mente latina me cuestionaba tanto amor y sin viveza. Aún no conocía a los birmanos, un pueblo con una humanidad espontánea que te conmueve.

Los Birmanos. Imagínense una felicidad inmensa concentrada en una sonrisa, con un toque de inocencia, atendiéndote con el máximo agrado, conversando con placer con un desconocido. Recibes saludos y sonrisas efusivas de desconocidos. "Mingalaba, hello" escuchas de los transeúntes y a coro proveniente de los camiones llenos de gente. Definitivamente ellos le dan el mejor uso a la bocina que he visto: la bocina es para saludar.

También tienen un excelente hábito: saludar sonriendo al que se cruza, como si fuera un trueque de energía positiva. Incluso puede dar pie a una conversación. A Nico le encantó esto, saludaba con "mingalaba" a la gente y a los camiones que pasaban, conversaba con cualquiera, mientras lo miraban curiosos y le hacían bromas por su barba de papanoel negra.
Schwedagon Pagoda, la principal pagoda de Myanmar, Yangón. 


Los extranjeros son exóticos en Myanmar. Ellos suelen pedirte foto, te tocan y te abrazan porque eres muy extraño, pero bienvenido a su tierra. En un pueblo hicieron fila para sacarse una foto con nosotros. Quedamos muy impactados de ver que los birmanos se sienten contentos de saludarte, felices de servirte, agradecidos de invitarte y compartir un momento contigo. Actúan con una espontaneidad y calidez que no he visto antes, sin miedo alguno.

La vida en Bagan es bien sencilla: trabajan como agricultores, pintando y elaborando artesanías o en servicios. Para nuestros ojos occidentales son pobres: habitan en villas de madera, con un mobiliario mínimo y natural, internet es un lujo para los turistas y anda más lento que enchufar el cable del internet a la línea del teléfono, como en los inicios. Un trayecto en bus de 4 horas de carretera te lleva más del doble porque los caminos son malísimos. Llegás con la espalda y las nalgas más baqueteados que tamboril de carnaval.

Olvídate de hacer algo rápido en Myanmar, la gente aún no tiene la urgencia a la que nos acostumbramos por la tecnología. Visten unas polleras y blusas, hombres y mujeres, con chancletas de goma o gamuza (segun la ocasión) como único calzado! No existe el elegir zapatos ni andar con cámaras, carteras o accesorios. Esta sencillez la vi en la capital también.

Con Nathaniel (de camisa a cuadros) y sus hermanos.
Los niños corretean, hacen dibujos que luego venden en conversaciones muy animadas a los turistas. Me acuerdo de un chiquito que conocí el primer día en el templo Manuha: su nombre suena como Nathaniel. Creo que no he visto una sonrisa infantil tan hermosa en el mundo. Varios días después me lo vuelvo a encontrar, con todo su entusiasmo junto a sus amigos nos lleva a ver el Buda durmiente del templo.

Otro día fui a una celebración donde las familias pasaban el día entero, oraban y hacían ofrendas. El muchacho que me vendió un jugo se preocupó porque yo no había almorzado aún (eran 11.30 am) y además andaba sola, así que me invitó a almorzar con su familia. El arroz con vegetales y pollo estaba más rico que en los restaurantes.




Grandes y niños se arremangan las polleras en los templos y patean una especie de pelotas de bamboo huecas: el fútbol les gusta. Al igual que en el resto de Asia, conocen a Suárez, Messi, Neymar y Sánchez. Eso somos: Uruguay es Suárez. Esto lo sentí en todo Asia, que Suárez era como mi hermano al que todo el mundo conoce "Suareeez" o "fútbol" me dicen cuando digo que soy uruguaya, y se ríen o me preguntan si en Uruguay mordemos.

"40 años de dictadura nos han marcado", nos comentó una vez un profesor de Historia. "Pero Buda es bueno y siempre ha premiado a los buenos. Ahora tenemos libertad". El país logró su independencia y luego su democracia casi sin conflictos armados. Hoy el país es una democracia aún frágil, convive con cierres de fronteras arbitrarios, ocupaciones del ejército y una injerencia excesiva de las Fuerzas Armadas.

La despedida. Se me cayeron algunas lágrimas cuando el avión despegó de Yangón. Ni una experiencia mala vivimos, ni una. La gente más feliz del mundo es generosa con su sonrisa, su humildad y sus ganas de ayudarte. Allí no importa tu color de piel, idioma, pasaporte o tu nivel social. Tom Cruise podría quedarse allí y la gente lo trataría de forma tan amorosa como a nosotros. Eres una persona y eso es suficiente.

Qué contraste vivimos al intentar volver, vimos como en Estados Unidos en las embajadas y en migración no les importa si tenés algún problema y casi que te tratan como si fueras un vagabundo de segunda clase mientras que en Myanmar se sienten honrados de ayudarte. A qué extremos puede llegar el ser humano, y qué bueno es, cuanto más simple es su vida!

Como el viaje no podía terminar sin accidentes, Nicolás se quedó atrapado en Bangkok, porque no lo dejaban pasar por EEUU con su pasaporte de emergencia. Se demoraron en darle cita en la Embajada de Estados Unidos para pagar una visa que caducaría una vez que llegara a Chile. Una semana después volvió a Chile por Nueva Zelanda.

Fue hermoso terminar el viaje en Myanmar y ver un lugar con tanta pureza humana, tan espiritual, tan feliz y desinteresado. Allí me sentí la amiga de Nathaniel, la hermana del muchacho que me invitó a almorzar con su familia, me sentí emocionada por esa fraternidad incondicional de los birmanos. Sentís que su casa es tu casa, en ese lugar tan lejos y tan perdido en el corazón del antiguo mundo, y que recién le está dando la bienvenida al mundo.

lunes, 25 de julio de 2016

Vietnam: Un país guerrero y de motos locas



Vietnam nos recibió con otra patada - le comenté a Eleni. .-No tuvimos problema para entrar en el aeropuerto, pero fue como estar soñando en un paraíso hermoso (Indonesia) y luego caer y caer... y golpearte en un infierno de cemento caótico, bullicioso y gris: Bienvenidos a Hanoi, la capital vietnamita. Nos despertamos a los bocinazos y parlantes gritando en una especie de acento chino. El tráfico es una experiencia de motocross + montaña rusa: torpedos de bi rodados zumban y envuelven en una nube de humo a los obstáculos (sean caminantes, vehículos, motos en dirección contraria, cualquiercosaatravesada). Si te pasaste del camino, doblá ahora nomás a contracorriente que podés! Las demás motos se abren, tal como mar rojo con el bastón de Moisés para que pases.


Cuevas de Ha Long Bay, Hanoi, Vietnam. 

Los capitalinos son la gente más tosca que he conocido, si tenés un "pero" en la conversación, suben de tono y se molestan. Como la mayoría no habla inglés, creo que se aprovechan de eso para que te quejes con tu abuela ante algún problema.
Vista de Ha Long Bay, Hanoi, Vietnam.

Paseamos dos días por Ha Long Bay en barco, ¡es hermoso! Las cuevas invitan a dejar volar la imaginación con sus estalactitas coloridas y onduladas por la escultura de sus corrientes de agua y viento frío. El paisaje es un paraíso maravilloso, con rocas imponentes flotando en la bahía.


Hoian (y alrededores): El oasis de Vietnam

Lámparas de seda típicas de Hoian. 
La pequeña ciudad te acoge con su tranquilidad verde, bicicletas con sonrisas y los típicos Non La (sombreros de cono). Sus lámparas de seda iluminan la ciudad, y le dan aroma sus deliciosos sopones picantes a poco más de un dólar.
Orilla del río en Hoian, Vietnam.


Es un placer recorrer en bicicleta ese encanto urbano-rural, regatear en las tiendas, degustar un humeante Ho Fu (sopa con fideos de arroz, verdura y cerdo o pollo), probar qué tela te queda mejor en una sastrería y pasear por el río iluminado de noche, contemplar sus barcos y un espectáculo de figuras de colores, dibujado por las típicas lámparas. Los otros días nos aventuramos en moto por los alrededores: Templos, estatuas de mármol, verde y cuevas rocosas bordeando la playa conforman una combinación única. 
Había que aprovechar el día porque su gente vive al ritmo del sol: empiezan temprano pero se duermen temprano también. Fue el lugar que más disfrutamos en Vietnam, los vietnamitas eran todos muy amables.


El sur: el Vietnam capitalista
Ho Chi Min, el presidente comunista que mantuvo la guerra. 

Al ganar la guerra, el gobierno cambió el nombre de la ciudad

de Saigón por Ho Chi Min. Vietnam.

Parecen dos países y lo fueron, hasta la reunificación post guerra. Ho Chi Min City (HCMC o ex Saigón) es más verde que su capital; luminosa, carteles publicitarios y edificios altos y brillantes decoran las calles, transitada con moda de más variedad y color. Las motos infernales son iguales que en Hanoi (peor porque es más grande).


Curiosidades

El ideal blanco
La tez de los vietnamitas es de color bronceado terroso, pero como quieren ser blancos, van a la playa tapándose hasta la punta de los pies. Además manejan con tapabocas y pañuelos. Las mujeres vietnamitas aparecen blancas en las publicidades (no existen en la realidad) y se suele pagar para aclararse el color de la piel.




El tránsito: una experiencia para extremos. 
Oleadas de motos interminables, hacen una discoteca de bocinas y arranques estrepitosos. La bocina la tocan por las dudas. Las motos locas están en el ADN de los vietnamitas, sea grande o pequeño el lugar, manejan sin reglas. La única regla: sigue de largo y lento, ellos van a parar (funciona!)



El legado de la guerra


Fueron 20 años de bombardeos. Un ejército enemigo que entra a las villas y mata a familias enteras, torturas en masa escalofriantes, gases tóxicos como el orange hacen que Vietnam hasta hoy día engendre humanos monstruos, deficientes, deformes, manchados, sin pies, manos, ojos y patologías de comportamiento con un nivel de enfermedad que no me imaginé que pudiera existir jamás. Se te paraliza el corazón cuando ves las fotos de los destrozos, matanzas y torturas. En el Museo de la Guerra la gente lloraba. Me quedé pensando qué nos estamos haciendo como especie. Vietnam fue el anfitrión de una guerra de dos mundos, donde los países comunistas se aliaron contra Estados Unidos y sus aliados. Fue una guerra genocida, larga, que rompió todos los códigos de la guerra tradicional, una guerra sin sentido: fue un escape de odio entre dos mundos. Tanto era el odio, sumado al interés armamentil que asesinaron a los presidentes de Vietnam y EEUU, porque ambos estaban negociando una paz, tal vez demasiado temprana. La victoria de Vietnam aún huele a azufre, suena a explosivos y como saldo tiene sus recursos naturales acabados, masas de gente muerta, y humanoides engendrados sin fecha de término. 


Nos quedamos contemplando el arte del niño que tocaba piano en el Museo de la Guerra de forma maravillosa. Él no tenía ojos. Apreciamos jarrones, artesanías y cuadros, dignos de decorar una mansión de un rey, hechos por los afectados de la guerra, que viven de su arte.Creo que un país hoy es hijo de su tiempo y sus circunstancias, tal vez vi a la gente de Vietnam resistente, indomable, nada educada, incluso fiera y guerrera (en los túneles de Cu chi vimos como hombres y mujeres hacían trampas y armas con bambú, y vivían en mini túneles subterráneos).
Fue una experiencia llena de aprendizajes fuertes, quedé muy contenta de haber ido, pero no volvería.





lunes, 13 de junio de 2016

Cartas desde Asia: La isla de los corazones flotantes: Bali (Indonesia)

-De Indonesia aún tengo una impresión bien fresca que me acurruca el alma con una caricia de abuela sabia- le digo a Eleni - Es el país perfecto para ir de luna de miel, y para vivir los últimos años de la vida. 

Sin embargo la bienvenida que nos dieron en el aeropuerto no fue ni cerca de esa sensación agradable.

-Tengo que volver a Kuala Lumpur- me dijo Nicolás- el policía de migración le había dado su ultimátum y ya venía la azafata de la aerolínea a llevárselo. 
Gracias...  a que insistimos con el policía para hacer una llamada... a unos minutos milagrosos en skype... y a que los cónsules de Chile en Kuala Lumpur y de Indonesia reaccionaron rápido, pudimos pasar el año nuevo en Indonesia.

Había escuchado que Indonesia tenía un encanto exótico, hasta que entendí por qué Julia Roberts finalizó su viaje de encuentro consigo misma allí, en Ubud*. Nunca me imaginé que podia existir un lugar como éste en el mundo.


Estatuas de Dioses en un templo de Ubud, Bali, Indonesia.

El 29 llegamos a Nusa Lembongan, una isla pequeña enfrente a la isla más grande de Bali, en un barco de estudiantes. Los turistas son los justos para ser bella sin multitud cansadora, aguas turquesa, casitas únicas, con puertas de madera talladas y estatuas; con vegetación voluptuosa. Los muchachos que trabajan en la guest house son encantadores, todas las mañanas preparan unas canastitas con mini flores, arroz, una galletita y un incienso que dejan a los pies de las estatuas.
La brisa cálida y los barquitos son una pausa exquisita. Las infaltables motos locas de Asia le dan acción, no parece existir la preferencia ni la cebra, sumando que los caminos precarios y con ondulaciones grotescas de la isla erizan incluso a los temerarios.

Allí disfrutamos el año nuevo, en una playa paradisíaca y en un bar con karaoke de extranjeros, embelesados con las estrellas y los fuegos artificiales reflejados en la orilla del plácido océano nocturno.

Vista de Nusa Lenmbongan, Bali, Indonesia.

Los nombres personales

El nombre de las personas es según el orden de nacimiento en la familia: Putu (primero), Madei (segundo), Nyuman (tercero) y Catú (cuarto), y si es el quinto hijo, vuelve a ser Putu. Esta regla aplica tanto para hombres como para mujeres, acompañado de un segundo nombre y el apellido.


La cultura ancestral de Ubud: entre mar y reverde

El 1° de año partimos a Ubud (en la isla de Bali). Conocimos a un griego y su novia lituana, muy simpáticos, nos quedamos en el mismo guest house y paseamos con ellos.  El sendero emana la cultura ancestral, poblado de estatuas mitológicas, con dioses en carros alados y lienzos largos, enfrentamientos celestiales de seres con caras alegóricas, combinados con imponentes templos ornamentados.

Monumento en una calle de Ubud
La ciudad parece un jardín encantado, místico, milenario y tropical. Pensé que su placidez se debía a los festejos del día anterior, pero me equivoqué. La pequeña ciudad turística sigue viva a su ritmo y pausa.

Ubud data de una tradición milenaria donde la humanidad rinde culto a dioses naturales (es un pueblo pagano), conscientes de que la vida es un estado transitorio entre esa tradición y la eternidad. El respeto por ambos es una norma, a eso atribuyo el comportamiento humilde y armonioso de sus habitantes. El sello: las sonrisas más luminosas que he visto, miradas y gestos suaves, ausencia de tonos groseros, rudeza, y mucho menos violencia. Si bien el tránsito parece caótico, con bocinas y motos que circulan en la vereda, andando te das cuenta de que fluye con una naturalidad de río, como todo en Ubud.

Templo Madre, Ubud, Indonesia


Recorrimos su parte urbana y natural, una combinación ideal para los turistas. Recorrer la zona en moto es un placer, recuerdo las tiendas de diseños y parques de monos divertidos, el gran volcán, los arrozales, el imponente Templo Madre, un museo histórico mitológico y una cascada. Vimos como la gente local se preparaba de gala para una ceremonia. Las casas imponen su personalidad respetuosa de la tradición y los dioses, con tejas y puertas ornamentadas, estatuillas en la entrada, mucho verde y cada una con su templo adentro. En las casas y en la ciudad ves insinuaciones artísticas al amor como parte de esa armonía (ninguna me pareció burda).

Salidas que hechizan

Mis salidas en Ubud me embelesaron tanto que dos de ellas demoraron cuatro y seis horas. La gente parece andar con sus corazones flotando, derramando amabilidad. Conversaba con gente de las tiendas y restaurantes, me hechizaba con sus altas dosis de danzas y música típicas, preguntaba por artesanías típicas y me probé casi todos los vestidos de seda que encontré. Observaba sus construcciones, degustaba sus aromas gastronómicos, entraba a cada centro de yoga y masajes (Bali es el epicentro de las disciplinas de relajación), jugando con flores típicas en mi cabeza como usan las mujeres locales, indagando en el secreto de sus sonrisas luminosas y su tono de voz pacífico.

La familia dueña de la guest house es un encanto. Una noche me quedé conversando con la dueña, me decía que la gente en general se levanta bien temprano, medita o hace yoga, desayuna y hacen ofrendas de agradecimiento a sus dioses (con las canastitas que les mencione de Nusa Lembongan). Por otra parte, viven en un entorno verde, bastante lejos de la tecnología actual, con unos celulares tipo Nokia 1100, sin internet, y unas teles cuadradas con botones como control.
La familia donde nos quedamos en Ubud.

¡Qué encanto de lugar!  Todos trabajan y desde temprano, en el mercado se desviven por sacar un peso, ves pobreza y así igual mantienen esa aureola de armonía. ¡Qué dichosos!, pensé, cuánto nos falta de esa armonía en Latinoamérica, de esa paz, ese respeto por la divinidad que lleva intrínseca una humildad y respeto por el prójimo en una calma sabia de la existencia humana, con una conciencia de agradecimiento eterno por la vida diaria. Ubud es de esos lugares para reencontrarse con la esencia de uno mismo olvidada por el ajetreo moderno y hacerla florecer con vida. 

Hoy revivo esta hermosura de viaje, mirando la pintura del atardecer en Bali, una máscara típica, y el vestido de seda que no podía faltar.


* Ver película Comer, rezar, amar, con Julia Roberts como protagonista.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Carta de Navidad desde Asia a mi familia y amigos

Representación de la convivencia de culturas en Malasia: China, India y Malaya
(el malayo es una mezcla de ambos, no?).

Estamos en vísperas de Navidad en Malasia, y qué distinto es pasar esta celebración típica en un país musulmán. La decoración Navideña está presente en los shoppings, como excusa para vender, pero por lo demás, la ciudad luce con su estilo de jungla de cemento y verde, como un día normal de verano bochornoso.  Los malayos son bien inclusivos y neutrales, por lo tanto celebran todo (con feriado incluido) y cada uno se suma el festejo que quiera: año nuevo chino, Diwali (año nuevo indio), y festejos de Ramadám, van cambiando de mes todos los años porque sus años no son de 12 meses. Un mensaje ejemplar, de el ser humano necesita celebrar tener simbolismos y que todos son válidos por igual. 

Al estar en Asia percibí grandes diferencias: Oriente y Occidente, este lado se mueve distinto: otra manera de pensar, otro calendario, otras celebraciones, por supuesto, otra comida, color de piel, vestimenta, forma de hablar, costumbres, tráfico y puedo seguir enumerando. Una concepción del paso de tiempo más larga, como civilización, combinando su pasado ancestral con un toque pragmático y otro occidental.

Vieron como nosotros decimos "los chinos son todos iguales" (y sus variantes también), desde este hemisferio veo lo "iguales" que somos en Occidente. Desde lejos caminando nosidentificamos, intercambiamos una mirada cómplice y casi que nos decimos "hola" con una sonrisa.  

Me siento en casa cenando con latinos, hablando español y haciendo bromas que todos entiendan. Nos decimos "Feliz Navidad" y comentamos como la celebramos cada uno. Con los italianos en el Consulado terminamos conversando de lo ricas que son las pastas y la pizza, el almuerzo con sobremesa, lo lindo de la Navidad y la bella Italia de donde son nuestros abuelos. Y todos somos completos desconocidos que nos ayudábamos como los mejores amigos. Con los malayos, en la Policía y el Hospital me contaban como andar con cuidado por la calle y cómo cuidarse con ciertas enfermedades comunes por acá, mientras hablábamos de nuestros países, con un sentimiento de exotismo mutuo. 

¿Cómo sería el mundo si actuáramos buscando las semejanzas entre nosotros y ayudándonos? ¿Desde lo que sentimos y deseamos? Como sociedades vamos construyendo formas de ver y hacer diferentes y a medida que crecemos, nos aferramos a ellas como verdades dogmáticas. Diferencias que construimos como muros, no como puentes. Y en realidad como seres humanos nos movemos por los mismos principios: amor, placer, supervivencia, autorrealización. Nos encanta celebrar, comer, disfrutar con nuestros seres queridos, la música, la familia, aprender y tener cosas y vivir experiencias. Sufrimos, nos enfermamos y necesitamos de nuestros iguales en todo momento.
En el fondo las comidas y las bebidas tienen los mismos ingredientes base sólo que se preparan de forma distinta. 

¿Qué tal si viéramos las diferencias como puentes? Un plato, una celebración nueva y sus fundamentos, una vestimenta distinta, una creencia, y verla tan válida como la nuestra. La semejanza (siempre la hay) genera empatía, una conversación, una sonrisa, es un ser humano utilizando su racionalidad con inteligencia: para unirnos como especie. 

¡Los niños lo hacen tan bien y espontáneamente! se acercan, te tocan, te hablan en su idioma, te muestran algo, se ríen, sin barreras, sin miedo. Logran romper el hielo entre los adultos de todas las culturas y colores que nos sonreímos y compartimos algunas palabras en confianza. 

Hoy iba caminando por una calle que lucía como un día de verano normal, y veo un árbol grande de Navidad, con tarjetas con deseos Navideños escritos por diferentes personas. No pude evitar añorar la Navidad en casa, así que les pregunté si podía poner un deseo. Al final conocí al peluquero y dos vecinos más que mandaron un saludo de Feliz Navidad a la familia uruguaya y la chilena. Uno de ellos era católico y me invitó a ir a misa con su familia! Así que estaba más que feliz!

Arbolito con deseos Navideños en una peluquería en Kuala Lumpur, Malasia.


Como deseo, pedí que los seres humanos nos miráramos desde nuestras semejanzas primero. ¡Feliz Navidad!





domingo, 20 de diciembre de 2015

Un paraíso multitudinario en Phi Phi

Koh Phi Phi Island, Tailandia


Phi phi, isla paradisíaca
de sopor tropical y picante,
vegetación en armonía turquesa marina,
decorada con locales con luces y mesitas en la playa
y tiendas de regateo, vendiendo ropa 
y arte en colores y elefantes,
en un camino de banderas amarillas.






Tus locatarios están cansados del turismo,

que va a explotar el lugar en sus vacaciones,
multitud, música estridente, luces y alcohol,
tailandeses cordiales, que ofrecen picantes Pad Thai,
frutas frías y thai massage.






Las playas acarician las rocas de Maya bay,
que se levantan imponentes entre aguas de corales,
peces albinegros, verdes y violetas,
son invadidos por los barcos de turistas locos,
que animan a beber coca cola a los monos en las ramas. 




Tailandeses, burmanos, musulmanes, europeos, brasileros,
hiyabs, chinitas con cara pintada de blanco y shorts y gorritos de viseras,
agobiados por el calor, 
volviendo del paraíso de aguas turquesas en el mismo bote. 
Los niños juegan y le hablan a los turistas en su idioma,
con espontaneidad y sin miedo,
entablan una comunicación única
con los adultos de los distintos continentes,
sacándolos de su mundo individual, con una sonrisa. 


La dueña del bote del ensueño en Phi Phi


Ella vive con sus turistas los encantos de Phi Phi, 

como si los viera por primera vez,
como tu mejor amiga,
te diseña la mejor experiencia,
de diversión, naturaleza, bote tropical,
música e historias únicas de Thailandia.
habla cinco idiomas,  
y te ayuda en todo lo que puede. 

Contáctala: Lili speed boat

domingo, 6 de diciembre de 2015

Libros de viaje en naufragio francés

Alice Mathias, con su hijo despidiéndonos en su posada, en Rocky Cay, Isla de San Andrés. 

Alice te mirada decidida, parece no temerle a nada. Su aspecto es sencillo, tiene unos ojos negros de mirada dulce con unas arrugas tristes. Es de pocas palabras, pero cuando recuerda su vida semiambulante por el mundo, sus recuerdos le dibujan una sonrisa. Animada nos comenta que cuando era joven había vivido en muchos países de Latinoamérica y en Europa, trabajando con su esposo. 
Tiene libros de todo el mundo y en varios idiomas, una joya exótica en su isla de San Andrés de Providencia, donde sus lugareños desechan los libros por falta de hábito. 

-Los libros en francés son de un barco francés que naufragó cerca de la Isla hace más de 20 años- explica Alice. - y este es de un ingeniero que participó en la construcción del Canal de Panamá, nativo de San Andrés. 

Ahora ella lee contemplando su mar caribe, en su corazón sabio atesora recuerdos de cultura y mundo, rodeada de cangrejos, palmeras y arrullo de mar. 

Si vas a San Andrés anda a visitarla, te llevarás una conversación deliciosa y si sos buen lector o conversador, podrás llevarte un libro del naufragio, como yo le llevé a mi madre autografiado por ella. 

sábado, 23 de mayo de 2015

Noche de luna en el Río de la Plata

Noche de luna en el Río de la Plata, by Manueljo.

I

El barco avanza lento, 
La luna refleja inmensa su belleza en el río-mar, 
las nubes decoran el horizonte, 
como ovejas taciturnas, leales a su pastora blanca, 
el vaivén marino tiende una alfombra de olas suaves,
que la luna tiñe con su blanco estelar.

II

El barco como invitado privilegiado, 
marca el paso donde el mar extiende su alfombra, 
y la luna se pasea redonda, un poco vanidosa,
en la filigrana negra celestial.

III

La orquesta celestial de estrellas, 
hace un guiño al firmamento.
Y en la amplitud de la noche, 
la luna regala un viento que despeina las preocupaciones,
y te invita a contemplar su belleza infinita.

IV

Las luces de Colonia se alejan, 
Se ven titilantes los barcos, que otean el infinito,
ella los invita a cruzar su inmenso mar,
en su noche sureña embalsamada de viento y estrellas,
Que anuncia la bohemia de la otra orilla porteña.

sábado, 25 de abril de 2015

Viajeros: el sueño como ADN


Es un personaje un poco extraño visto desde los ojos de un local tradicional. Se ven más características diferentes que comunes de esta raza, con variedad casi infinita de personajes, de distintos colores, edades, continentes, profesiones... con algunas características en común:



El viajero trabajador "a puro lomo". Se ve mucho en los países que reciben viajeros mediante visas "Work and travel" o similar, que trabajan en fábricas, mozos, servicio al cliente, o en el campo. Una vez en el lugar, arranca la carrera todos de la misma linea y ya casi no diferenciás su origen social. Todos esforzándose por igual. Una fábrica puede tener limpiando sus pisos a abogados o un campo con "pickeros" contadores. Hay gente que suspende la carrera, o que ha tomado el viaje como un cambio de aire debido a sus malos hábitos en el país de origen.
Hablando de origen, los europeos son los que mas tienen instaurado el concepto de viajar, encontrás a miles en todas partes. A los 27 años han vivido en EEUU, Australia, Suiza y Nueva Zelanda, y más. Algunos tienen hermanos en Nueva Zelanda, en Inglaterra y en Canadá. Por lo general los europeos son mas jóvenes al empezar sus viajes.
Asiáticos y Latinos marcan presencia. A la voz de "yo a Argentina no vuelvo más", cuentan sus planes de viajar por 10 años, o gente que dice que después se va a Australia, después China y así, que piensa terminar en 5 años. Son muchos, cada vez más. 

También están los que viajan por unos meses, o los que no dudan en volver cuando le mandan un mail del trabajo.
Es muy interesante ver la alta la taza de cumplimientos de estos objetivos dentro de esta "raza".

Hay varias maneras de encarar el viaje:

Está en un extremo el viajero que brinda. Trabaja para tomar todos los días su cerveza y se lo ve bastante pasivo, solo motivado por tomar y salir de noche a gastarse todo el sueldo.

En el otro extremo está el viajero del minuto = dólar. Le saca la movida al aparato de marcar en la fábrica de manera de marcar y 23 para que le paguen como que trabajó hasta y media y cuida cada dólar como si fuera oro. Estos últimos por lo general quieren ahorrar para después viajar.

El viajero social. Es el mas soñador pero sigue siendo conservador. Es capaz de meterse en cualquier asentamiento, parroquia, organización, con un sol que parte la tierra, peligros, y hablar con empresas, vecinos, el-que-se-le-cruce, para conseguir brazos y dinero para apoyar a personas desfavorecidas. Dios le regaló mucha energía condensada para que mueva un cambio en el mundo. Vi

da e intensidad conforman su alma, son líderes, preocupados por temas mas allá de su comodidad inmediata. Su mirada tiene un brillo sabio, es maduro, difícil verlo quejarse por el día a día.


El viajero emprendesario. Su empresa es como si fuera su hija, busca vivir independiente, igual de soñador, y enérgico que su par anterior. Los límites entre el trabajo y el disfrute personal son bien borrosos: trabaja en cualquier momento sin darse cuenta porque ama lo q hace y es parte de su diversión. Aprovecha los eventos sociales de los fines de semana para hablar con gente interesante que le dé un buen consejo, o información. Puede haber caminado por muchos lugares, turísticos o no, pero no se pudo tomar mas de 10 días de vacaciones en el año, pegados a los findes y en distintos lugares. Si dura mas de 2 años, tiene en su haber un MBA practico (que ha pagado con porrazos, negativas, privaciones, ademas de dinero y falta del mismo).

Ambos han conversado con empresarios, lideres y personas destacadas de todos los paises, con el motivo de pedirles apoyo, o venderles su proyecto. Son una enciclopedia viviente. La vida es una aventura llena de vallas para saltar.



Pensándolo un poco, capaz que no esta del todo bien llamarlo raza, no tienen casi elementos en común entre ellos, solo el hecho de ir atrás de un sueño sin medir consecuencias. Pedazo de distintivo.


Aportes de Mauro Senatore, de su experiencia viajera en Nueva Zelanda.