Dulzuras cotidianas. Viajes, experiencias, personas, conversaciones, historias de vida interesantes que rescato del anonimato.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Primavera
Primavera verde,
sin duda eres la estación más bella.
Primavera seductora,
que cautivas a tus caminantes con colores brillantes y mariposas sin rumbo,
Primavera fresca,
que combinas tonalidades y ensaladas de aromas verdes salpicados con rocíos matutinos.
Primavera luminosa,
lates enérgica a tu naturaleza radiante, mientras derramas esperanza.
Primavera hermosa,
serpenteante, delicada con audacia envolvente de flores silvestes,
Primavera plena,
respírame en tu infinitud de que nunca te irás, y de que podré dormir pacífica en tu lecho verde, mientras te escondes hasta tu próxima llegada.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Encuentro
-Nunca me cansaba de conversar con él- la abuela recuerda a su esposo. Habla bajito, lo que su voz le permitía. Movió sus manos tímidas y retorcidas por el reuma, y sus piernas cada vez más oxidadas por los años. - Éramos muy buenos compañeros, compartíamos todo.
-¿Extrañás al abuelo?
-Sí. Hace casi 20 años que estoy viuda, pero lo siento cada vez más presente, preocupado por mí.
Ella mira al techo, con sus ojos de nostalgia cristalina, intentando vencer la curvidad creciente de su cuerpo. Sonríe feliz, con una risa tímida continúa:
-¿Sabes? He soñado que el abuelo está junto a mí. Anoche fue tan real que sentí su mejilla al lado de la mía, y no quería despertar, solo quería que el sueño perdurara...
Y entre mates, recordando al abuelo, estaba feliz porque sintió que él la estaba esperando, y ya faltaba menos para el reencuentro.
miércoles, 19 de octubre de 2011
El dueño de Puertecillo
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| Panorámica de Puertecillo (VI Región, Chile). Foto: Sergio García. |
-Viví acá toda la vida - me dice Pablo. Él es un hombre rústico, de rasgos toscos, largo pelo negro enmarañado y manos un poco duras de sal de mar y espinas de pescados.
En Puertecillo se pueden escuchar las melodías de la naturaleza. A ojos cerrados el sonido llena el alma sin necesidad de otra música. Grillos, chicharras, viento, mar rugiente, arboles batiéndose sobre la arena frizada, frío nocturno intenso filtrándose en mi rostro. Respiro. Paz etérea.
Cerros dibujados con mistura de caminos arbolados silvestres, diferentes formas verdes, abrazados por caracolas y perfumados con la sal del mar resiliente. Esa playa de pescadores regala al turista que pisa sus arenas la ilusión de sentirse dueño de ella. Aunque sea por unas horas. Es la sensación de alejarse de la contaminación humana, de ser interrumpido en esa rusticidad encantadora sin tiempo. De sentirse uno mismo.
-Este es mi proyecto de vida- agrega Pablo. -No tenemos señal de teléfono aquí. El pescador no conoce el estrés, ni el tiempo limitado, ni los peligros urbanos.
-Mi esposa se vino de Santiago a vivir acá y tenemos nuestra hija- dice. -Aquí nací y aquí quiero morir.
Y caminó descalzo a desayunar con sus padres.
Y caminó descalzo a desayunar con sus padres.
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sábado, 15 de octubre de 2011
El gigante de Puertecillo
Odisea oleística blanca, que avanza en la claridad soleada.
Lejanía y cercanía perfectas.
Y de día, la inmensidad permanece, con un cielo celeste vivo cegado por la energía matinal energizante.
Y vuelves a tu seno profundo infinito para marejar tu superficie verdosa, ventosa en los oídos que osan escucharte.
Te asomas con tu inmensidad eterna en las ventanas, con tus brazos penetrantes de frío salado en la terraza, te entremezclas en las cuerdas de la guitarra, y despeinas cabellos.
Quién sabe qué historias te llevas, océano verde esmeralda de Puertecillo.
Historias en botellas con corcho, navegando a la deriva de tus destinos como los correos de piratas en los cuentos de amor de antaño. Secretas para todos, salvo para ti.
Historias que solías llevar de caminantes de tu playa de arena negra en ese pueblo de pescadores, que simplemente te deja ser genuino en todo tu esplendor.
¿Quién sabe qué historias te guardas, océano profundo de Puertecillo?
Te desbordas con tu inmensidad eterna en las montañas, con tu vaivén oleístico renuente, entremezclándote en la vegetación maciza de tus cerros y despeinando pétalos de flores.
Y vuelves salpicando tus olas frías para alcanzar la orilla. Hipnótico.
Y de noche, la inmensidad es eterna, con un cielo oscuro de penumbra nocturna lunar.
Cercanía y lejanía perfectas.
Odisea oleística blanca, que se retira en la infinitud nocturna.
Simplemente, mar.
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miércoles, 5 de octubre de 2011
Pedaleada perfecta
Casi me había olvidado lo que era andar en bicicleta. Casi, es simplemente hermoso. Esa libertad de pedalear el camino con mis pies en el aire, pero aún en la tierra. La brisa flirteante corriendo a contrapelo, metiéndose en los recovecos de la piel. Quiero pedalear, cerrar los ojos, dejarme conducir. La bici nocturna me llevaba por las calles de Vitacura, árboles y jardines frondosos, con motoristas retardando el regreso a sus casas y así ver morir el fin de semana. Miedo, movimiento, luces que cortan la noche dominical, y la luna cautivante vigilaba la escena urbanística con sus cuernos al oriente. Naturaleza y pavimento. Soledad. Pequeñas ráfagas de peligro. Minutos eternos. Respiro profundo, ajusto mis dedos en el manillar y mis piernas al compás pedalean el camino a casa. Vivo mis últimas horas del domingo y así me preparo para descansar y amanecer el lunes con energías renovadas.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Su lugar
Andrés ahora entendía por qué toda su familia se hallaba reunida en su cuarto. Él vive ahora en Chile, y hablaba con su familia radicada en su Colombia natal.
-Más de una vez le dije a mis padres y a mi hermana que me dejaran solo, mientras me encerraba entre las cuatro paredes, decía Andrés.
Una nostalgia agridulce invade su rostro que retrocede en sus recuerdos.
-Hoy cuando los vi a ellos a través de la cámara, todo me hizo clic.
-¿Estaban en tu cuarto? -Andrés sonríe-.
-Sí, me di cuenta de por qué iban allí. Hoy hablaban conmigo desde mi lugar, porque una vez más me buscaban para conversar, y sabían que allí me iban a encontrar. Mi cuarto es mi lugar.
Y esa noche por primera vez los extrañó.
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domingo, 25 de septiembre de 2011
sábado, 24 de septiembre de 2011
Apagón
Desde que sucedió el terremoto del 27 de febrero, en Chile no se había registrado un apagón de tal magnitud. Desde las 21 hs aproximadamente, la gran Santiago imponente e iluminada, el sábado se tiñó de negro. Estaba en casa y con mis compañeros de apartamento solo nos sentamos a conversar de la vida.
El ministro de Energía dijo "Entendemos la indignación de más de 10 millones de chilenos..." y otros políticos fustigaron sus explicaciones. Las bromas iban y venían. Desde las alusiones a los "agarrones" a oscuras hasta que no falló el suministro, sino tu ministro de Educación y del Interior (dedicado a Piñera, presidente de Chile).
Yo creo que estas situaciones son las más divertidas ya que las personas se encuentran desprevenidas, interrumpidas de sus actividades usuales y se ven obligadas a sacar su creatividad para pasar el rato.
Me acuerdo de cuando era pequeña, que adoraba esos momentos. Quedarse sin luz por media o una hora era cosa de cada dos meses, y eran las instancias de conversaciones obligadas. Bajo la luz de las velas, nos juntábamos en el comedor a escuchar historias de la infancia de nuestros padres, o simplemente jugábamos a las cartas entre mates, o nos peleábamos para ver quién se sentaba primero en la falda de mamá o papá, para que nos abrazaran con la excusa del miedo, y dormitar un rato allí. Disfrutábamos ese momento bien nuestro, porque todo dependía de lo que decidiéramos hacer, sin aparatos tecnológicos.
Conversaciones interesantes, cenas a la luz de las velas, cuentos de terror, historias de la infancia, reflexiones con lágrimas silenciosas o risas sonoras sin sonrisas ante la oscuridad de retorno indefinido. Sólo parar... pensar... y esperar. Los sonidos prevalecen ante las imágenes, las voces y la imaginación, que le dan su toque mágico a esos momentos irrepetibles.
¿Cómo fue para vos el apagón?
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miércoles, 21 de septiembre de 2011
Endieciochados
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| Caricatura de Condorito, personaje típico chileno festejando la Independencia. |
El 1° de setiembre el tránsito matutino se viste de cuecas en las esquinas. Las banderas ondean imperiosas en las casas y en los autos, y el aroma de asado va inundando los domingos previos al 18. Se ven sonrisas en el rostro de los chilenos, planeando el festejo de esos tres días en que tirarán la casa por la ventana. Chile se viste de fiesta. Las conversaciones rondan los preparativos, de tomar, tomar, tomar, tomar, de asado, empanadas y anticuchos, en una ensalada con chicha, vino y jolgorio en algún pueblo del sur, playa o fonda. El festejo parece obligatorio hasta para los extranjeros: los chilenos nos preguntan también qué haremos el 18 de setiembre. El vino remueve el espíritu chileno patriota que sale en las fondas en su máxima expresión. Las Fiestas Patrias se festejan con el espíritu de carnaval multicolor. Las fondas musicales, las calles repletas de caminantes independentistas, todos se vuelven amigos que se saludan con alegría etílica sin fin, con su bandera roja, blanca y azul en alto y el paso de cueca al compás. ¿Y si sos extranjero? ¡Más que bienvenido! Eso sí: reboleá la bandera chilena, pegate el vaso en la mano, y que no te vayan a ver sin "copete" y sin gritar: "Salud chilito po".
1- Escribí setiembre a propósito porque así se escribe en español uruguayo.
2- Endieciochado: Referente al 18 de setiembre.
3- Anticucho: brochette de trozos de diferentes carnes: usualmente cerdo, carne, pollo y chorizo.
3- Cueca: música folklórica típica chilena.
4- Fonda: Fiesta típica chilena, estilo las fiestas típicas rioplatenses. La gente se reune, baila, hay grupos musicales, comen y beben mucho con espíritu independentista.
5- Copete: Modismo chileno para designar un trago.
sábado, 3 de septiembre de 2011
Devolver la mano
Gabriel me hizo acordar por qué es que estamos viviendo acá en Antofagasta - dice Ana. Es difícil estar pendiente de ella, vestirla día a día, prepararle la comida. Su memoria dejó escapar vivencias, pasa más tiempo acurrucada en la cama y el sillón, con sus miembros frágiles sin las energías de antaño. Recuerdo a esa mujer de carácter impetuoso y adorable, que acompañó mis pasos infantiles y adolescentes, con ternura y sabiduría. Mi madre trabajaba todo el día, por eso la abuela era mi cómplice. "Abuelita, tiré el tarro de azúcar", le decía yo con mi mejor cara de culpabilidad infantil. "No pasa nada mi niña, mamá no se enterará", solía decirme con picardía mientras se apresuraba a arreglar el desastre. Así con la comida, con mis tareas, con mis salidas, ella me aconsejaba, me escuchaba, me enseñaba las lecciones de la vida. Ella me cuidaba siempre de los hombres, incluso hasta de los de mi familia. Ella me crió. Ahora todo tiene sentido para mí: por qué ella era tan buena moza, tuvo sus hijos, padeció un cáncer al útero joven y fue tan desconfiada con los hombres. Enviudó joven y nunca rehizo su vida con otro hombre. Debe haber sido difícil para la abuela, vivir con el infierno de haber sido violada desde los cinco a los diez años por un tío, con su madre ausente, y que su propia abuela le echara la culpa del suceso por ser "demasiado coqueta". Ella se aseguró de que su familia nunca viviría esos tormentos, y le daría una vida de dulzura a sus nietos.
Ahora ya no sale, no se viste coqueta, ni conoce muchachos, como me dice que lo hace. Ahora camina lento. "Me hice pipí" me dice, como una nena traviesa. "No pasa nada abuelita, mamá no se enterará", y la cambio mientras nos reimos las dos. Así hoy soy su cómplice, la ayudo a cambiarse los pañales y comparto sus últimas travesuras, con el mismo cariño, mientras va alejándose de este mundo y se acerca más a Dios.
Este es un homenaje a una amiga y a su abuela, junto con este tema del uruguayo Pablo Estramín.
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