Desde que sucedió el terremoto del 27 de febrero, en Chile no se había registrado un apagón de tal magnitud. Desde las 21 hs aproximadamente, la gran Santiago imponente e iluminada, el sábado se tiñó de negro. Estaba en casa y con mis compañeros de apartamento solo nos sentamos a conversar de la vida.
El ministro de Energía dijo "Entendemos la indignación de más de 10 millones de chilenos..." y otros políticos fustigaron sus explicaciones. Las bromas iban y venían. Desde las alusiones a los "agarrones" a oscuras hasta que no falló el suministro, sino tu ministro de Educación y del Interior (dedicado a Piñera, presidente de Chile).
Yo creo que estas situaciones son las más divertidas ya que las personas se encuentran desprevenidas, interrumpidas de sus actividades usuales y se ven obligadas a sacar su creatividad para pasar el rato.
Me acuerdo de cuando era pequeña, que adoraba esos momentos. Quedarse sin luz por media o una hora era cosa de cada dos meses, y eran las instancias de conversaciones obligadas. Bajo la luz de las velas, nos juntábamos en el comedor a escuchar historias de la infancia de nuestros padres, o simplemente jugábamos a las cartas entre mates, o nos peleábamos para ver quién se sentaba primero en la falda de mamá o papá, para que nos abrazaran con la excusa del miedo, y dormitar un rato allí. Disfrutábamos ese momento bien nuestro, porque todo dependía de lo que decidiéramos hacer, sin aparatos tecnológicos.
Conversaciones interesantes, cenas a la luz de las velas, cuentos de terror, historias de la infancia, reflexiones con lágrimas silenciosas o risas sonoras sin sonrisas ante la oscuridad de retorno indefinido. Sólo parar... pensar... y esperar. Los sonidos prevalecen ante las imágenes, las voces y la imaginación, que le dan su toque mágico a esos momentos irrepetibles.
¿Cómo fue para vos el apagón?













