Dulzuras cotidianas. Viajes, experiencias, personas, conversaciones, historias de vida interesantes que rescato del anonimato.
sábado, 30 de junio de 2012
sábado, 23 de junio de 2012
Te recuerdo en sepia
Abuelo,
hace veinte años que te fuiste, y aún te recuerdo como si te hubiera visto ayer,
en Juan Lacaze. El olor pestilente de la fábrica de papel se colaba por las
ventanas pueblerinas oportunamente a la hora del almuerzo, y se mezclaba con el
vapor de la sopa con fideos. Recuerdo que luego de ayudarnos a mí y a Romi a hacer
unas piruetas te sentabas a la mesa muy divertido. Aún veo tu mano blanquecina
con manchas marrones, que me llevaba a dar la vuelta por el barrio,
para mí era una maratón por esas cuadras de doscientos metros, medidas con
paso infantil.
Ese
día empezaste a toser. Tu tos se siente de todos lados y cada vez más
frecuente. La abuela está nerviosa. Toses sin parar. A mis seis años me dicen
que estás muy enfermo. Me escapo a verte dormir la siesta, cuando podés dormir.
Ya no jugamos a las piruetas, ni andás masticando tu escarbadientes,
ni salís en tu bicicleta tintineante que tanto querés. Sólo caminas con pasos cansinos, dejando tu vida en ellos, poco a poco. Te
quedan cuatro meses abuelo, el cáncer ingrato te escarba poco a poco los pulmones,
mientras tú luchas en vano para aferrarte a algunos días más a esta vida. Hoy
voy a verte de nuevo, “buenas noches”. Me miras, con tus ojos apagados. Ya no
me hablas, nos miramos en silencio, nos entendemos, y apronto mi alma infantil para verte en un retrato eterno de fotos sepia en la cómoda de la
abuela.
sábado, 16 de junio de 2012
Personajes del metro
Llega ruidosamente, para, gente enloquecida y que echa humo..., sigue su camino. El metro es un abanico de amargura hasta risas contenidas para los paseantes en Santiago. Les describo algunos de sus personajes:
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Después de todo, mis hermanos quedaron encantados con el metro de Santiago. Foto: Romina Hernández. |
-El que no se suelta nunca
del fierro del medio, los demàs le piden permiso, pero el tipo sigue
firme como esperando ser el salvado si hay un accidente.
-El que entra feliz, a pesar de que somos 80 personas en un mismo
vagón, todos amasijados como morcilla. Aunque no hay espacio
para el humor, el tipo igual se la tira de gracioso y las risas empiezan a contagiarse dentro del vagón.
-El que entra amargado, empuja a
todo el mundo, a pesar de que YA NO HAY LUGAR. Pero insiste en que él sí
cabe en el vagon, se pelea con otro, el otro lo empuja, todo el mundo
se enoja, y viajan todos amargados.
-Una versión más graciosa de éste último, es el que está convencido de que puede caber en ese espacio entre el brazo de la gorda que está a punto de caerse afuera del metro y la cola de la joven que está aplastada contra la puerta. Se mete con un 20% del cuerpo adentro del metro mientras espera parado y empujando silenciosamente, esperando que la puerta se curve para no aplastarlo.
-El payaso que mira a los que se quedaron fuera del metro con cara de "me aplastan las tripas" y todos afuera se ríen.
-El que apesta o se tira un gas hediondo manteniendo su culpabilidad en el anonimato.
-El que se duerme
colgado de las manillas y abre la boca manteniendo su inercia onírica cuando el metro para.
-El que repite con la grabación en cada estación del
metro: "se inicia el cierre de puertas".
-La que va con un bolso
gigante, un cochecito de bebé y un gordo por marido que ocupa el espacio
de tres ("al fondo que hay lugar queridos").
-El que se queda pegado a la puerta a pesar de que sabe que es
el último que se va a bajar.
-El niño asfixiado que lucha por subirse a los brazos de su madre. A veces chilla como un condenado, sumándose al chirrido del timbre.
-La pareja que no para de amasijarse en una esquina entre el asiento y la pared del metro.
-El borracho que pregunta mil veces donde se tiene que bajar (y dice más boludeces por minuto...).
-La pareja que no para de amasijarse en una esquina entre el asiento y la pared del metro.
-El borracho que pregunta mil veces donde se tiene que bajar (y dice más boludeces por minuto...).
Sin dudas el metro es un lugar para emputecerse de rabia o reirse largo y tendido. ¿Conocés a algún otro personaje?
PD: Agradezco a mi amiga uruguaya Natalia Lage que describió muchos de los personajes con comicidad muy creativa.
sábado, 2 de junio de 2012
A Montevideo
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Tango en Montevideo. Uruguay. Foto: Lucía Lin |
Ciudad ilumnada en la inmensidad de tu rambla nocturna.
La milonga me eriza la piel anunciando una noche de cultura junto al devenir de tu río.
Los ómnibus caminan por la calle al compás de tus caminantes sonrientes.
Rosas y ceibos que encantan tus paisajes de pradera.
Montevideo antigua, cuyos edificios inspirados en la Europa del siglo XIX,
le dan un encanto barroco, de tacones, bares y repiques, con carácter rioplatense.
Te respiro intensa, escucho tus latidos de corazón latino y mentalidad pseudoeuropea,
y camino por tu pequeño caos ordenado,
aprontándome para matear filosofando de la vida al atardecer.
Tropiezo, respiro tus calles mojadas y me dejo llevar a ver si la lluvia me acompaña.
Tránsito pesado que rodea a tus edificios antiguos, cargados de historia desconsolada.
Ojos cálidos espían por las ventanas, el mate asoma un hervor con bizcochos calentitos.
Un corazón roto, envuelto en pensamientos enrojecidos, aliviados por tu frescor marino.
Memoria nublada de nostalgia de goles eternos,
te enorgulleces de la gloria que llevas en tu mochila de los años 50, que te niegas a quitarte.
Redobles de candombe, vozarrones melódicos de murgas y jóvenes caminando sin apuro posmoderno, en una ensalada de sonrisas, salpicadas de rocío amargo,
me traen tus recuerdos añorados.
Te nostalgio con razón, perfume intenso y sombreros negros, Montevideo bella.
Capital de cultura, de bares y bibliotecas, de charlas extensas donde el mundo entero ingresa en un café debatible con medialuna, al alero del sol poniente que calienta la rambla.
Capital que no lo pareces. Sólo eres un rincón encantado en el que me siento bien viva.
Conoce Montevideo, capital Iberoamericana de la cultura 2013. Uruguay Natural.
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