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domingo, 7 de abril de 2019

Febrero es carnaval en Uruguay

Atardecer en Uruguay

Me gusta cuando voy a Uruguay. Cuando aterriza el avión en el aeropuerto de Montevideo, el corazón encuentra un acomodo perfecto, y una sensación de que todo va a estar bien:  relájate y deja fluir. “Menos es más”, esa frase ahora cobra sentido, como cuando te pones un perfume bueno en un frasco de 5ml. 

La parsimonia armoniosa de Montevideo en febrero es hermosura y simpleza. En febrero la capital palpita con su esencia más genuina, mezclada con la alegría veraniega y carnavalera. 
Las calles llenas de árboles decoradas con flores, espectáculos en los parques, filas de gente corriendo con vitalidad en la rambla, picaditas de futbol en las placitas, bailarines de tango o artistas callejeros innovando con nuevas melodías, gente caminando y conversando entre mates como si la tarde no pasara. El atardecer es un espectáculo digno de ver. La gente se arrima a las orillas de la playa y se sienta a verlo entre conversaciones y risas sin límite, aplaude cuando se esconde el sol en el agua, en una acuarela celestial de anaranjados, rojizos y lilas tornasolados. A veces, los tamboriles suenan acompasando tamaña belleza andante. A veces la lluvia barre con los planes, y te deja envuelto en un viento fresco con un aroma a mar dulce que juguetea enredándote el pelo.

Tablado de Carnaval en Montevideo

Y la noche es tan bohemia, que el atardecer genera expectativas de momentos más disfrutables aún. En febrero todas las noches son de carnaval. Un carnaval bien acorde a nuestra idiosincrasia, claro: en vez de ser un “festival de la carne” de 3 días de fiesta descarrilada como es su origen, dura 40 noches tranquilas de estar sentado y aplaudiendo en familia con mate y choripán, un espectáculo cómico-intelectual y una obra de arte en los vestuarios y maquillajes de los murguistas. Las murgas critican y se quejan, y como uruguayos se ve que nos sentimos bien quejándonos con ojo de aguja, y en general, no hacemos nada para cambiarlo. Las quejas van desde el gobierno hasta temas que no podemos controlar como el clima o los mosquitos. Pero como es febrero, las conversaciones de “vaso medio vacío” tienden a ser más de “vaso medio lleno”.

Helados deliciosos decoran las playas y esto es importante: la vaca es sagrada, pero por un motivo opuesto a India: se come todo, en cantidades industriales, la vaca y sus derivados son la comida más deliciosa del mundo. La gente no se da cuenta de que usa y abusa de la vaca hasta que llega el examen de colesterol y le hecha la culpa a la edad o a la situación económica. Cualquier comida que no tenga algo de vaca es “rara” o vegana (aunque no se suele manejar correctamente este concepto porque es difícil que exista comida sin carne o sus derivados). 
Cuando pasas los días, la simpleza reinante surte efecto: sientes que algunas cosas están de más, no necesitas glamour, ni marcas, ni maquillaje, ni adornos caros. No necesitas un vestido nuevo para una ocasión, ni muebles nuevos, o cambiar el celular, ni comer en un restaurante fino. Montevideo parece caminar un paso al costado de los estímulos de compra respecto a otras capitales. Sientes que estás bien así como estás sin necesidad de más y que puedes conversar con todo el mundo así como sos. La gente suele disfrutar horas conversando contigo sin motivo alguno, con una espontaneidad muy divertida, casi inocente, que se delata por la mirada seguida de una sonrisa y de decir lo que piensa sin pensar mucho lo que dice.
Menos es más. Montevideo está plantada de corazón al mar, parada en la orilla de la playa con los brazos bien abiertos respirando hacia el mundo, diciéndole al tiempo que no corra, que no tiene apuro. Parece que eso le diera el carácter a nuestra capital. 

Y si decides irte, vuelve cuando quieras, ella te despeina con su viento marino intenso, para recordarte que te recibe con los brazos abiertos, como si no hubiera pasado el tiempo. 

domingo, 24 de febrero de 2019

México encantador y caótico

Calendario Azteca
Un viento de energía positiva se siente desde que llegas, envuelto en una bulla colorida a más no poder, con mariachis, salsas verdes y rojas excedidas de ají. Me está gustando mucho llegar a México, quedarme tiempos largos y de forma reiterada, así como lo hacía cuando viajaba a Colombia. De esta forma puedo sentir, oler, degustar como una local, pero con vivencias de aventura obligada porque tienen fecha de caducidad. 
Después del tercer viaje tengo una relación dual con el país azteca: es lo más impresionante que he visto en Latinoamérica, es el exponente de lo mejor y lo peor de este continente. O tal vez por el tamaño, se me hace todo más inmenso. 

En una expo de arte moderno, un artista inglés representó a México. La representación es excelente!
Es un deleite desde el punto de vista personal, paseos, conocer gente, cultura, entretenimiento, colores, gastronomía, leyendas con realismo mágico, sus habitantes son hijos de la sabiduría autóctona de un imperio indígena, que fue violentado pero no matado por los conquistadores bárbaros, todo adosado con salsas picantes. Es una orquesta exquisita tocada con instrumentos de una variedad melodiosa que no sabía podía existir. El entusiasmo de la gente, su  simpatía extrema, visión positiva y actitud divertida de la vida es tan magnético que uno siente la necesidad imperiosa de conocer cuál es la fuente de ese mix. De repente conversas con cualquiera y tienen el corazón abierto al mundo, dispuestos a compartir un rato contigo. 
Desde el punto de vista laboral, cierro los ojos y fantaseo que de los edificios gigantescos salen unos brazos mutantes que se mueven lento, enredándose, golpeándoselas y avanzando impulsados por un positivismo sin rumbo ni un mínimo de formalidad. 
Una de las avenidas principales, Reforma, CDMX. 
Tránsito un viernes de tarde en el Ángel, Reforma, CDMX.

El Zócalo de CDMX

Me da un poco de ansiedad de que no sabes por donde van a salir esos brazos, si pasan por delante de ti, lejos o te van a llevar por delante, pero avanzan finalmente. Todo es tan cambiante que las citas en el calendario se mueven más que un terremoto y maremoto juntos. Hasta último momento es difícil que te agenden una reunión, y después de agendadas, son tan fijas como un niño en un flotador en una playa con olas. Si sabes aprovechar ese caos a tu favor, le escribes a la gente dos días antes para que te reciban, mostrando mucho entusiasmo, proactividad y seguridad. Es un mix que el mexicano reacciona muy bien, porque empatiza contigo por el entusiasmo, pero los ingredientes de la proactividad y la seguridad les llama la atención.

Hasta la comida común y corriente tiene colorido.

Sin embargo, parece que finalmente ese caos es magnético e interesante,  se luce en sus calles cosmopolitas, con migrantes recientes, donde México se muestra como una tierra prometida, exótica, llena de instrumentos posibles y un alimento a la creatividad que te sentís capaz de tocar la música que quieras, siempre que desarrolles habilidades de precaución en todos los niveles. Decidí explorar esta inmensidad de creatividad de cemento y humanidad infinitas por mi cuenta, les contaré en el próximo post.  


sábado, 30 de junio de 2018

Carta a Luis y a los muchachos celestes

En Vietnam con la Celeste

No me imaginé que nuestra camiseta era tan conocida, especialmente la tuya Suárez.

En Asia, durante dos meses salí con la camiseta 9 y las miradas curiosas iban apareciendo. "Suareeez" me decían sonriendo en Indonesia, "Suareeez" en Malasia,
En Vietnam una pareja con niños en una moto me gritó entusiasmados tu apellido al pasar. Y en pueblos donde sólo hablaban vietnamita, intercambiamos ademanes y sonrisas porque sí sabían pronunciar tu apellido con claridad.

En Myanmar, un país donde apenas conocen a algún actor de Hollywood, ahí estabas, omnipresente. Tu camiseta despierta sonrisas y conversaciones espontáneas. Me hacían ademán de mordida, "el mordedor".

Diariamente me siento en la obligación de defenderte, que tu no sos malo, que los niños muerden y excusas que uno da al hablar de un hermano ante desconocidos. En Asia, lo único que conocían de Uruguay era tu camiseta, y a vos, así que cuando me veían, me trataban como si yo mañana fuera a tomar mate contigo y te diera sus mensajes.

Lo más simpático fue cuando me salvaste en Singapur. Necesitaba llegar al Centro comercial y no tenía moneda local para pagar el metro. La casa de cambio más cercana estaba muy lejos y no tenía tiempo. Usé mi comodín, le dije que soy uruguaya y funcionó! El asistente del metro sonrió con ganas y una vez más escuché el "Suareeeez". "Yo voy a ir a conocer Uruguay algún día, soy fan de Suárez", mencionó. Es más, me ofreció prestarme dinero si regresaba a devolvérselo.

Hoy en día doy talleres empresariales, para motivar a profesionales a que sean constantes y a formar buenos hábitos de venta. Les hablo de ustedes, del "método maestro" de Tabárez, de la cultura futbolera, la constancia y la pasión que los movió a ustedes. En fútbol jamás nos quejamos de que somos un país pequeño, que es difícil tener una selección como la de Inglaterra o Brasil, países 20 veces y 60 veces mayores. Ni lo pensamos, vamos por la meta con todo, a veces la logramos, o avanzamos de forma constante, eso es lo que importa.
Y así todo el mundo entiende, que el gol no viene solo, se construye, con pasión y constancia, y que los únicos que están en la cancha para hacerlo son los jugadores. Y sonríen.
Y una vez más me salvaron muchachos, todo el equipo de la Celeste!

Ahora nos despertaron más que una sonrisa a todos los uruguayos! Gracias!

domingo, 25 de marzo de 2018

Cartas desde Japón

Kinkaku-ji, Golden Temple, Kioto.

¿Qué significa desarrollo y progreso? Desde el minuto uno en el que llegamos a Japón, sentí que estaba en el primer mundo, de verdad. Un lugar donde vi una educación del ser humano que no creí que existiera en el mundo. Una sintonía entre tres aspectos: material, intelectual y espiritual que forman una pirámide de perfección, de altos estándares. 
Una convergencia entre el mundo occidental, reflejado en la modernidad e indumentaria de Tokio, y el mundo oriental, más presente en los templos y tradiciones de Kioto. El orden, la limpieza y la puntualidad son las primeras señales de que todo funciona con una perfección milimétrica, en equilibrio y armonía, acompañado de una excelente vocación de servicio.


Una esquina en Shinjuku, uno de los barrios más transitados en Tokio
A las afueras del Palacio Imperial, Tokio.
Fushimi Inari-Taisha, el templo de las 10 mil puertas, Kioto.


Cherry Blossom, flores típicas de los jardines en Japón.

La experiencia única
Cada detalle es importante. En Japón entendí lo que es brindar una vivencia de calidad. Ir al baño es una experiencia representativa de la filosofía de vida nipona. Entras a cualquier baño público y está limpio, con jabón, papel y agua. Tienen muchos baños y no encontramos ninguno sucio, ni siquiera en los lugares de difícil acceso. En algunos casos, entras y la tapa se levanta. El water está calentito, hay una variedad de botones, funciones de bidet para hombres y para mujeres (con distinta inclinación del chorro de agua), desinfectante para limpiar y cisterna automática, entre otros botones que no supe descifrar para qué sirven. En algunos baños hay flores. Cualquier experiencia en Japón sorprende, toca los puntos imaginables y más. Es minimalista, simple, pero con puntos que cubren una necesidad y el buen gusto, todo esto hace que sea sofisticada. Así son todas las vivencias: desde entrar a un museo, la fila ordenada, los trenes, la gente servicial y respetuosa, un asistente en el supermercado explicándote con detalle, como si su misión en la tierra fuera ayudarte. La gente que te atiende te dice “arigató gozaimá” -gracias en japonés- tres veces, seguido de una pequeña reverencia. En los lugares públicos hay huellas impresas en el piso para indicarte donde debes esperar, las calles, parques y accesos a lugares está señalizado a un extremo para que lo siga un niño, o un lisiado, y los trenes y buses te dan información útil en cuatro idiomas. Para los amantes de la moda, los zapatos y la indumentaria japonesa, hace honor a esta cultura: diseños únicos, sobrios, elegantes y funcionales. La ropa para el frío es liviana pero abriga mucho. Quedé loca con los zapatos, no me imaginé que podían existir tantos diseños de zapatos hermosos, de tela, bordados, con perlas, elegantes, con taco medio y confortables.
El espejo de un baño del hotel.
La parte donde uno se mira está diseñada para que no se empañe.



El water tiene la tapa caliente y varios botones.
También un gel con limpiador  para dejarlo limpio luego de usarlo.

Continuará

lunes, 25 de julio de 2016

Vietnam: Un país guerrero y de motos locas



Vietnam nos recibió con otra patada - le comenté a Eleni. .-No tuvimos problema para entrar en el aeropuerto, pero fue como estar soñando en un paraíso hermoso (Indonesia) y luego caer y caer... y golpearte en un infierno de cemento caótico, bullicioso y gris: Bienvenidos a Hanoi, la capital vietnamita. Nos despertamos a los bocinazos y parlantes gritando en una especie de acento chino. El tráfico es una experiencia de motocross + montaña rusa: torpedos de bi rodados zumban y envuelven en una nube de humo a los obstáculos (sean caminantes, vehículos, motos en dirección contraria, cualquiercosaatravesada). Si te pasaste del camino, doblá ahora nomás a contracorriente que podés! Las demás motos se abren, tal como mar rojo con el bastón de Moisés para que pases.


Cuevas de Ha Long Bay, Hanoi, Vietnam. 

Los capitalinos son la gente más tosca que he conocido, si tenés un "pero" en la conversación, suben de tono y se molestan. Como la mayoría no habla inglés, creo que se aprovechan de eso para que te quejes con tu abuela ante algún problema.
Vista de Ha Long Bay, Hanoi, Vietnam.

Paseamos dos días por Ha Long Bay en barco, ¡es hermoso! Las cuevas invitan a dejar volar la imaginación con sus estalactitas coloridas y onduladas por la escultura de sus corrientes de agua y viento frío. El paisaje es un paraíso maravilloso, con rocas imponentes flotando en la bahía.


Hoian (y alrededores): El oasis de Vietnam

Lámparas de seda típicas de Hoian. 
La pequeña ciudad te acoge con su tranquilidad verde, bicicletas con sonrisas y los típicos Non La (sombreros de cono). Sus lámparas de seda iluminan la ciudad, y le dan aroma sus deliciosos sopones picantes a poco más de un dólar.
Orilla del río en Hoian, Vietnam.


Es un placer recorrer en bicicleta ese encanto urbano-rural, regatear en las tiendas, degustar un humeante Ho Fu (sopa con fideos de arroz, verdura y cerdo o pollo), probar qué tela te queda mejor en una sastrería y pasear por el río iluminado de noche, contemplar sus barcos y un espectáculo de figuras de colores, dibujado por las típicas lámparas. Los otros días nos aventuramos en moto por los alrededores: Templos, estatuas de mármol, verde y cuevas rocosas bordeando la playa conforman una combinación única. 
Había que aprovechar el día porque su gente vive al ritmo del sol: empiezan temprano pero se duermen temprano también. Fue el lugar que más disfrutamos en Vietnam, los vietnamitas eran todos muy amables.


El sur: el Vietnam capitalista
Ho Chi Min, el presidente comunista que mantuvo la guerra. 

Al ganar la guerra, el gobierno cambió el nombre de la ciudad

de Saigón por Ho Chi Min. Vietnam.

Parecen dos países y lo fueron, hasta la reunificación post guerra. Ho Chi Min City (HCMC o ex Saigón) es más verde que su capital; luminosa, carteles publicitarios y edificios altos y brillantes decoran las calles, transitada con moda de más variedad y color. Las motos infernales son iguales que en Hanoi (peor porque es más grande).


Curiosidades

El ideal blanco
La tez de los vietnamitas es de color bronceado terroso, pero como quieren ser blancos, van a la playa tapándose hasta la punta de los pies. Además manejan con tapabocas y pañuelos. Las mujeres vietnamitas aparecen blancas en las publicidades (no existen en la realidad) y se suele pagar para aclararse el color de la piel.




El tránsito: una experiencia para extremos. 
Oleadas de motos interminables, hacen una discoteca de bocinas y arranques estrepitosos. La bocina la tocan por las dudas. Las motos locas están en el ADN de los vietnamitas, sea grande o pequeño el lugar, manejan sin reglas. La única regla: sigue de largo y lento, ellos van a parar (funciona!)



El legado de la guerra


Fueron 20 años de bombardeos. Un ejército enemigo que entra a las villas y mata a familias enteras, torturas en masa escalofriantes, gases tóxicos como el orange hacen que Vietnam hasta hoy día engendre humanos monstruos, deficientes, deformes, manchados, sin pies, manos, ojos y patologías de comportamiento con un nivel de enfermedad que no me imaginé que pudiera existir jamás. Se te paraliza el corazón cuando ves las fotos de los destrozos, matanzas y torturas. En el Museo de la Guerra la gente lloraba. Me quedé pensando qué nos estamos haciendo como especie. Vietnam fue el anfitrión de una guerra de dos mundos, donde los países comunistas se aliaron contra Estados Unidos y sus aliados. Fue una guerra genocida, larga, que rompió todos los códigos de la guerra tradicional, una guerra sin sentido: fue un escape de odio entre dos mundos. Tanto era el odio, sumado al interés armamentil que asesinaron a los presidentes de Vietnam y EEUU, porque ambos estaban negociando una paz, tal vez demasiado temprana. La victoria de Vietnam aún huele a azufre, suena a explosivos y como saldo tiene sus recursos naturales acabados, masas de gente muerta, y humanoides engendrados sin fecha de término. 


Nos quedamos contemplando el arte del niño que tocaba piano en el Museo de la Guerra de forma maravillosa. Él no tenía ojos. Apreciamos jarrones, artesanías y cuadros, dignos de decorar una mansión de un rey, hechos por los afectados de la guerra, que viven de su arte.Creo que un país hoy es hijo de su tiempo y sus circunstancias, tal vez vi a la gente de Vietnam resistente, indomable, nada educada, incluso fiera y guerrera (en los túneles de Cu chi vimos como hombres y mujeres hacían trampas y armas con bambú, y vivían en mini túneles subterráneos).
Fue una experiencia llena de aprendizajes fuertes, quedé muy contenta de haber ido, pero no volvería.





lunes, 18 de abril de 2016

Cartas desde Asia: El camaleón asiático que nos cambió el rumbo - Malasia

Kuala Lumpur, Malasia.

Nunca conocí a un país como a Malasia. Ni siquiera el mío lo conozco así. Desde sus comisarías, embajadas, organismos públicos y hospitales.
En Malasia conviven la modernidad y tecnología en su máxima expresión, con costumbres y leyes radicales y la religión del Islam. Las mujeres andan con vestidos largos hasta las manos y pies con velos de colores, el alcohol existe para los turistas, autos de lujo transitan en una calle caótica sin veredas! (el peatón camina como manada de selva entre los autos). 

Las otras dos culturas predominantes son India y China, por lo que están acostumbrados a convivir con gente que usa menos ropa que ellos. 

Con los novios el día de su boda.
No existe contacto físico entre desconocidos
 en los países musulmanes. 
El camaleón asiático


Si tuviera que representar al malayo con un animal, sería el camaleón. Así como el animal adquiere el color de la superficie por la que transita, pero mantiene su forma, los malayos se han sabido adaptar a su entorno y al mundo satisfaciendo sus necesidades, con una diplomacia ante la cual un ministro de Relaciones Exteriores debería sacarse el sombrero.

Se llevaron a escondidas el caucho de Brasil, lo cultivaron y lo hicieron uno de sus principales productos de exportación. Usan ropa acorde a la costumbre musulmana y a la vez hay shoppings con la máxima variedad de artículos y ropa occidental, con escotes sexys y polleras cortas (me preguntaba quien usaba esa ropa!).
La raíz de sus leyes y su cultura es india, con un toque de China, combinación que ves en las pieles de sus hijos malayos (un malayo es como una mezcla de chino e indio). 
Aromas picantes de sus platos inundan las calles con una ensalada de sabores asiáticos, donde se disfruta aspirando el vapor de sabores con la shisha1.
Malasia es un punto estratégico para el comercio marítimo regional. Un sultán en los años 1400 se convirtió al Islam, y desde ese momento Malasia resultó en el puerto estratégico de comercio del mundo árabe. La ciudad de Melaka muestra el esplendor marítimo con influencias de la era del sultanato, portuguesa e inglesa. 
La combinación en la vida malaya es tan interesante que deja al turista y al emprendedor con ganas de explorar.


Las Torres Petronas son un emblema de Kuala Lumpur. 
Por ejemplo, el cine es occidental prácticamente, sus publicidades y revistas estan pobladas de gente blanca tipo europea. La moda y los shoppings siguen el modelo capitalista. La ciudad luce vanguardista a los pies de las torres Petronas; diseño, modernidad, verde selvático, ambiente empresarial y emprendedor, color y sopor tropical.  La música malaya es un encanto. Los malayos se muestran calmos, atentos y abiertos. Su historia data de un pueblo resiliente, que sufrió mucho su independencia y guerras internas posteriores, pero eso jamás le impidió seguir adelante, con un estilo pragmático y sin mirar atrás. 


Cambio de rumbo inesperado

Malasia fue el país que nos cambió el viaje. Regresamos de Singapur, estábamos exhaustos luego de un viaje que de 4 horas en teoría, resultó en 9 horas y media. Perdimos el vuelo a India. A Nicolás le dolía mucho su pie y cojeaba. Me empecé a preocupar. Volvimos a lo de Martín, nuestro amigo uruguayo. Gracias a él y Alina (su novia) tuvimos mate, buena compañía para Navidad y ayuda para los días siguientes que se llenaron de problemas. 
Al otro día un hombre en moto me arranca la cartera. "Mis pasaportes noooo", grité. Me descuidé confiando en que estábamos en un barrio lindo y que iba a unas cuadras.  Tenía además las tarjetas de crédito, celular y dinero. Justo me pasa esto casi en las antípodas de donde vivo, en un país donde hice la denuncia en inglés y la siguiente pregunta a mi nombre fue mi religión, no entendían qué hacía sola, la gente me miraba, quién sabe si por andar descubierta o por ser alta o extranjera. Y el robo fue un viernes de tarde antes de la semana de Navidad!


Aunque lo peor no había pasado aún. Nicolás había dejado el pasaporte conmigo y tuvo que tramitar uno de emergencia. En ese momento no imaginábamos las odiseas que pasaríamos en los aeropuertos gracias a ese bendito pasaporte.

El día del robo Nicolás ya no aguantaba más el dolor del pie. La infección le había tomado la pierna completa, le dieron antibióticos inyectables y le cortaron el pie para que drenara. El doctor le dijo que si hubiera esperado para ir a la clínica uno o dos días más, la infección hubiera avanzado internamente y hubiera sido grave. 
Después de todo el destino se apiadó de nosotros e hizo que el robo nos detuviera para que Nicolás se atendiera a tiempo. Sucedió en una capital asiática relativamente pequeña, con embajadas y donde los trámites resultaban rápidos, con hospitales buenos y cercanos. Además vivía un amigo uruguayo. Dentro de las desventuras a veces los planetas se alinean.

Los trámites de salida fueron rápidos en las embajadas y engorrosos en las oficinas públicas. Yo tuve que ir a la embajada de Italia diciendo sólo "ciao", "buon giorno" y algo más, así que me mandaron a esperar a la fila de mala gana. Los pasaportes estaban listos en dos días, pero necesitábamos tramitar la visa de India de nuevo, y jueves y viernes era feriado por Navidad.
Después de intentos infructuosos donde Nicolás fue al consulado de India y yo llamé al teléfono de emergencia del consulado, nos resignamos a descartar el casamiento en India. El saree azul eléctrico que me habían hecho para la fiesta, se quedaría esperando por su dueña.


El malayo es el de la derecha.
Nótese la influencia india y china.
De dos días a dos semanas

14 días perduró nuestra estancia en Malasia. Pasamos una Navidad distinta, el ambiente navideño sólo existe en los shoppings para vender más. Para el mundo musulmán era sólo un día más. Lo lindo fue que me encontré una peluquería cosmopolita que celebraba todas las festividades religiosas y un cristiano vecino que nos invitó a misa (ver carta a mi familia en Navidad). Recreamos una cena navideña con Martín, Alina y amigos latinos.
Peleamos con taxistas que se aprovechaban para cobrarte más, con empleados públicos que nos miraban extraño, dialogamos con policías buenos y cínicos, médicos, enfermeras, gente que espera consulta médica o para hacer una denuncia policial y empleados de tiendas. Vimos los ojos de los malayos en su día a día, en su mundo cotidiano de problemas. 
Nos llevamos lo mejor y lo peor de Malasia. A pesar de que sólo conocimos Kuala Lumpur y Melaka, siento que conocí profundamente el país en dos semanas como no he conocido a otro.

Con los pasaportes en mano y deseando dejar atrás las desventuras, compramos pasajes al paraíso de Ubud, a relajarnos y disfrutar en el año nuevo. Lo mejor del viaje aún estaba por venir, pero las desventuras no nos darían descanso todavía. 


1- Es una especia de palillo con vapor de sabores que se aspira en reuniones sociales junto con las comidas. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Cartas desde Asia - Primeras impresiones y Ko Phi Phi Island, Tailandia

-Nicolás está aún en Bangkok, retenido sin poder viajar de vuelta a casa - le contaba a Marta y a Eleni, que miraban incrédulas.
-Jamás me imaginé ese final - dijo Marta con cara de asombro y no aguantando la risa, luego de las anécdotas de un viaje exótico lleno de aventuras y desventuras.
-Está haciendo los trámites para volverse.

Un desvío del destino hizo que disfrutáramos un viaje con experiencias y aprendizajes imborrables, con un pasaporte de emergencia generador de problemas que los cónsules no conocían. La idea era ir a un casamiento en India al que nunca llegamos. Una moto, médicos, policías, migraciones y platos sin carne se interpusieron en el camino. Pero vayamos desde el principio. Les voy a mostrar las cartas que escribí en viaje.


Primeras impresiones de Asia - Ko Phi Phi Island

Ko Phi Phi, Tailandia.
Estamos volviendo en barco a Krabi, pasamos divino. Ko Phi phi es una isla Paradisíaca con mayúscula: paisajes hermosos, calor de sauna, agua cristalina, vegetación tropical, locales con luces y mesitas en la playa y tiendas vendiendo de todo. Allí está Maya Bay, donde se filmó la película “La Playa”, con Leonardo Di Caprio. Y en la película no se ve ni la mitad de lo impactante de las bahías en combinaciones turquesas, corales y peces de colores estridentes. Lo malo es que hoy es un destino saturado de gente. Nos encontramos personas amorosas, y otras cansadas del turismo loco y ruidoso que se agolpa en sus calles como zombies, que explotan enfiestados el lugar en sus vacaciones.

Una mujer que me llamó la atención es Lily, la dueña del bote con la que paseamos ayer, le dijo a Nico que era el tipo más cálido que había conocido, y nos ayudó a conseguir pasajes más baratos para Malasia. Ella es admirable, una mujer que lleva su negocio con mucho entusiasmo y energía, habla con todo el mundo, cinco idiomas, se hizo una clientela grande de Israel y preguntan por ella. Le dije que quería aprender de ella para hacer negocios por su proceder: se hace amiga de los clientes, es divertidísima, cuenta historias, te dice para tomar algo, cenar y te ayuda en todo lo que puede, diseña una experiencia completa muy buena y cuando vos la disfrutaste tanto, te cobra al final, cuando ya sentís que es tu amiga. Hasta nos hizo alimentar a los monos de la Isla y los peces!



Por otro lado, el dueño de la posada es un mala onda, cínico e irrespetuoso, se ríe de los turistas y nos dice algo en Thai que estoy segura de que no es nada bueno. Le hice lo mismo una vez pero con un "la concha de tu madre" con una sonrisa simpática. El único que aguantó la risa fue Nicolás así que nadie entendió.

Me encontré con un uruguayo, un brasilero y un argentino en la posada, y nos invitaron a la junta de latinos del hostal. En este lado del mundo encontrar a latinos es como encontrar a los amigos de la Universidad, y encontrar a un uruguayo es como un hermano, y a un argentino también! Jaja, es que somos tan iguales viéndolo en una perspectiva mundial (esto es sólo entre nosotros, no comentar con argentinos). Una pequeña diferencia que vi es que los argentinos tienen comportamiento de manada: viajan juntos, juegan al fútbol, se meten al agua juntos, caminan en grupo anunciándose a los demás con un escándalo.

Tailandeses, birmanos, musulmanes, judíos, europeos, brasileros, hijabs, quipás, chinitas con cara pintada de blanco, con shorts y musculosas, todos en el mismo bote. Los niños juegan juntos y le hablan a los turistas en su idioma. Recién estuve conversando con un chiquito musulmán, el no entiende inglés, menos español, pero nos comunicamos bien y el chico vuelve a cada rato. Me mostró un video musical y me dejó el celular de su madre para salir a jugar, que luego tuve que devolverle a ella.

Aeropuerto de Bangkok, Tailandia.
Me pregunto cuándo perdimos esta capacidad de confiar y entablar comunicación con cualquiera, sin miedos, sin intereses, sin barreras. Al final los adultos de todos las culturas nos sonreímos y rompemos el hielo porque los niños inician una comunicación espontánea, si no fuera por ellos, cada uno está inmerso en su mundo.

De Asia la primera impresión que tuvimos fue de multitud, filas interminables, cantidades en masa de productos para vender, caos, y iPhone 6! Hasta los monjes tienen el suyo! Sí, esos que andan pelados y sólo visten una túnica. Le pedí a uno para sacarme una foto con ellos.
Imagínense el aeropuerto de Hong Kong, 350 puertas!!! Estuvimos media hora caminando para tomar el próximo avión. Bangkok es más grande y caótico aún.

Saben, Uruguay ya no es tan desconocido por estos lados, todos parecen conocer a Luis Suárez: los muchachos que conducían el bote dijeron “Suárez” e hicieron ademán de morder cuando les mencioné que soy de Uruguay.

Bueno queridos, el barco recién llegó a Krabi. Hasta ahora marcha todo divino, sólo tuve un pequeño percance: llegué con una pequeña infección y Nicolás tiene el pie con unos cortes.

Se vienen más aventuras que les iré contando.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Carta a mi hermana licenciada en Relaciones Laborales

Mañana floreciente en el jardín de casa. Las Toscas, Uruguay.

Querida Evangelina,

Felicitaciones y bendiciones por un año más de la aventura de tu vida. Un año muy especial, ahora como profesional licenciada de los recursos humanos, tu misión es grande, y hermosa.

Gestionás el recurso más valioso que tienen las personas: su tiempo. Tiempo de su vida que podrían estar impulsando otro proyecto, o pasar con su familia. Gestionás sueños, motivaciones, aprendizajes, porque cada trabajo es una escuela y un campo de fútbol con muchos partidos.

Sos director técnico, juez y periodista a la vez. Motivas, empujas un equipo que alcance los objetivos de todos, en armonía, promoviendo la paz, malabareando con distintos intereses. Sos un medio de comunicación en quién naturalmente todos confían, y a veces, tu misión puede volverse jodidamente hermosa, pero hermosa al fin.

Tu agregarás valor al equipo generando buenos hábitos, promoviendo valores positivos en las organizaciones, acciones que los beneficien a todos, detectando problemas y tratando de corregirlos. Cuando una organización incorpora buenos hábitos, la felicidad aumenta automáticamente, y tú mejor que yo sabes qué pasa cuando aumenta la felicidad de las personas.
Estas cambiando el mundo, porque tienes el poder de hacer que muchos mundos sean mejores, y eso es contagioso; es todo un arte.
Cuando sientas dudas de como hacerlo, fortalece tu voluntad y predica con el ejemplo, actuando. Cultívate en valores, en productividad, conocimiento, entusiasmo, practicidad de empresa, espiritualidad y amor. Aprende y escucha, que repercutirá en tu alma y en tu actuar. Es la mejor manera de inspirar para que otros te sigan.

Sería aburrido que veas tu trabajo como la simple contratacion, despidos, organizar cumpleaños, gestionar licencias y remuneraciones.

Tu misión es hermosa, a veces jodidamente hermosa, pero tienes alma, salud, familia, amigos y a Dios que están contigo, tremendo equipo no?

Te quiero mucho querida, te deseo lo mejor para ti este año.

Un beso de la hermana mayor.

PD: te puse Evangelina, sino porque tu nombre es divino y no te lo solemos decir completo, no estoy enojada.

sábado, 22 de junio de 2013

La balacera se escucha con goles

Carta a los hermanos brasileros en apoyo a las protestas pacíficas por un país mejor.
 
 
Ese día llegué a Río de Janeiro, a la "cidade maravilhosa" de la que tanto escuché. El berequeté y samba con caipirinha, las palmeras tropicales, edificios lujosos, adolescentes de ropa raída y rostro curtido de violencia, me dieron la bienvenida. Uno me puso una navaja. No olvidaré su mirada vacía, mientras los transeúntes caminaban y los comerciantes atendían con tranquilidad.
 
Un escándalo de corrupción política ocupaba varias hojas del diario.
-De esos hay todos los días. - comentaba el padre de mi amiga que me alojó, tomando café. -Esto no es nada, comparado con el mensalao.
 
Dos tiros retumbaron una noche, previo a que saliéramos al carnaval. Corrí en pánico, mientras los brasileros miraban prudentes.
-Estamos al lado de una favela, es normal escuchar un tiro que otro - me dijo un hombre, mientras abrazaba a su hija.
 
Me dio un escalofrío cuando escuché "normal".  Estas situaciones forman parte de su día.
Aceptar como "normal" un entorno es una defensa natural del hombre. Pero es peligroso cuando la "normalidad" viola los derechos humanos y se vive por tres generaciones: el niño de hoy, cuyos padres y abuelos leen noticias como las que vi, conviven con violencia, muerte, hambre en las favelas y mansiones lujosas, narcotráfico, masas de gente esperando en los hospitales, no tienen una referencia cercana de una realidad más humana. Sin otras referencias, corrupción, pobreza, sonrisas y zamba conviven en una mente que acepta un Mundial de fútbol, costoso como los tres últimos, porque es "normal". Grita gol mientras trafican personas en su cuadra, baila como el mejor, mientras sus amigos venden droga, ya que no son capaces de valorar que educándose pueden insertarse en la sociedad y tener una vida digna.
 
La tecnología nos ha dado un escape a esa normalidad. Hoy se le acerca a ese niño mientras crece. Ese joven convive con extranjeros en su país. Vive realidades ajenas aquí y ahora, una experiencia que sus padres y abuelos jamás imaginaron. Tal vez el "orden y progreso" que exhiben al mundo con orgullo, es un lema simbólico que aspiran a ser. Como dice Felipe Berríos, los jóvenes son los que tienen ideales de un mundo mejor, la fuerza, y menos miedos que atemorizan a los adultos. Ven que un PBI más alto no implica progreso.  
 
Encuentro genial que un pueblo tome conciencia y se manifieste por justicia humana básica, que presione para que se tomen acciones en política, en las instituciones, en las empresas, porque esa energía es contagiosa y mueve a que más personas tomen acciones. Protestar es también aportar mi tiempo y esfuerzo a una causa, en beneficio de los que sufren injusticias. Porque la realidad de Brasil existe en otros países latinoamericanos, en el tuyo y en el mío, en mayor o menor medida, de violación permanente de nuestros derechos como persona, y es necesario movernos en equipo, para que no nos explote en la cara. Tú, yo, todos jugamos. Es una oportunidad para que eduquemos a las nuevas generaciones en cambiar esta "normalidad", utilizando las nuevas tecnologías como herramienta para democratizar la información, sumarse a las acciones positivas, condenar lo negativo aunque nos dé miedo, y educar en valores. 
 
El alza del precio del transporte es la gota que colmó el vaso de un pueblo decidido a jugar otro fútbol, con pases de igualdad, trasparencia, honestidad, piques en salud y educación democrática, con alegría y calidez contagiosa do "jeito brasilero", gritando gol de "orden y progreso" en equipo.
 
Brasil, así de campeón te queremos ver.  
 
 
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