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sábado, 8 de junio de 2013

Seres de música

Mujer indígena. Cartagena de Indias, Colombia.
 
El bebé escuchaba la música. Sus ojos negros, grandes, absorbían atentos su educación temprana. Estaba rodeado de seres musicales, el agua, los pájaros, la naturaleza, todo es música aprehendida. Con ritmo cantado, cortito, de flautas y maracas a la ribera del río, su madre lo educa en su cultura, en lo que será como persona y sus logros. En tono de flautas le enseña su rol de mujer, de cuidar el hogar y educar a la siguiente generación de su cultura Raizal.
 
Bomba Estéreo. Grupo colombiano, mezcla de rock, reagge y rap con ritmos tropicales.
 

sábado, 14 de abril de 2012

Memorias lluviosas

Las primeras gotas del año caían en esa noche otoñal santiaguina. Miraba los rayos desde la ventana y me acordé de ti, de la noche de principios de invierno antes de conocerte. Había dormido en un gimnasio que casi no tenía diferencia con la temperatura del exterior. Creí que la lluvia furiosa atravesaría el techo de lata como aguijón, mientras el frío penetraba sin piedad en mi sobre de dormir, despertándome de a ratos. Estábamos con un grupo de voluntarios cerca del asentamiento donde construiríamos tu vivienda.
Al día siguiente, en aquella mañana helada te conocí. Nos miraste tímida y ladeaste la cabeza de una forma pícara mientras tu madre nos recibía en tu morada. Tus mejillas paspadas endurecían tus rasgos, junto con tu pelo hirsuto y tu ropa gastada. Con tus hermanos sacabas las prendas mojadas a causa de la tormenta pasada.
 
 
-Por suerte salió el sol- dijiste sonriéndonos.
 
 
Y empezamos a buscar contigo algunas piedras para usar como cimientos de tu vivienda. El barro parecía no querer soltar nuestras botas, pero tu corrías como una atleta olímpica entre los charcos. Parecías muy feliz, guiándonos para encontrar las piedras adecuadas.

sábado, 17 de marzo de 2012

Las piñatas de los niños

Casi me había olvidado los ojos de la ingratitud que rebuscan en las bolsas de la basura. En las calles providencianas y de la clase acomodada santiaguina, es difícil ver a una persona indigente, con harapos, revolviendo el basurero. La madre, con el padre y los tres niños. Los niños jugaban felices como si acabaran de romper tres piñatas de cumpleaños y estaban ansiosos por encontrar su sorpresa antes de que se hicieran las 10 de la noche y su barriguita empezara a gruñir. La madre los seguía, hablando animando a romper más, aislados en su mundo de bolsas y transeúntes y vehículos que seguían su camino a casa.
La sonrisa del niño más pequeño se dibujó entre la suciedad que empañaba su carita.
-¡Mira mami! -El pequeño había encontrado una pelota. La apretó entre sus manos, la miró como si así fuera a poseerla, se la metió en la boca y se recostó feliz, entre el montón de bolsas plásticas, mientras su familia continuaba rebuscando entre las bolsas, para darles su cena.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Los niños de Cassandra

Ahora entiendo por qué Cassandra los extrañaba. Esos niños de mirada traviesa y sonrisa radiante, que nunca se cansaban de corretear por las calles de Río. Niños llenos de alegría en sus venas, que jugaban en la arena, tan lejos de la esclavitud  de las cosas, tan cerca de la naturaleza y de la vida.
Una niña  rodeaba a Cassandra con sus brazos. Llamaba la atención por ese exotismo misceláneo de pelo castaño enrulado, ojos verdes y café y piel morena. Otros niños se acercaban a la ronda para escuchar música y aprender a bailar. En sus casas apenas tenían algún juguete como pelotas o rompecabezas, pero eso no mermaba su felicidad. Fuente de felicidad diría, que se desbordaba en su sonrisas, en sus abrazos, en sus gestos joviales y bailes animados de ese paraíso infantil.
Bailes de esa tierra que parece que no les dio nada, pero les dio mucho, los hizo libres y ellos eran felices en ese limbo de música y naturaleza perfecta. Ahora entiendo por qué Cassandra sólo quiere volver y abrazarlos. Ellos la hacían sentir viva. Ella con sus niños era un ángel rubio lleno de vida, deseoso de enseñarles lo mejor, y mantenerlos inocentes de nuestros prejuicios y consumismo. Cassandra quería jugar con ellos, aunque sea un rato más, ya que como todo juego que vale la pena en la vida, dura poco.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Niñez



Te sentaste solito en la parada esperando que algo pasara. Tus sandalias estaban rotas y tu túnica, sucia. "Qué ómnibus te tomás?" me preguntaste, inocente, luego de que las personas en la parada hiceran caso omiso de ti. Tu mochila con el cierre roto, se abría y se cerraba como una boca. Tu carita sucia, tus ojos oscuros y profundos y tu pelo hirsuto, se mezclaban en una combinación perfecta de inocencia y calle.

Solito, pero decidido. Te adelantaste unos pasos y levantaste tu bracito para tomarte uno de esos ómnibus gigantes que venían rápido. Otra vez caso omiso.
Te sentaste un rato a conversar, y te devoraste mis caramelos de un santiamén. Estabas acostumbrado a que no te prestaran atención, a que los adultos te miren malhumorados como si tu fueras la causa de sus problemas. Niño que miras con ojos esperanzados y cuestionadores, aunque sufres desprecio siendo inocente. Niño que comprendes la realidad aunque no la entiendas del todo, pero siempre muestras tu sonrisa. Porque para comprender hace falta vivir, y tu mirada dura demuestra que has experimentado más de lo deseable para tu edad. Qué diferente eres de tus iguales que ves pasar a diario con mochila nueva y alfajores, en el auto de sus padres. Y qué igual a la vez. Niño, ojalá no pierdas tu alegría y sonríe siempre a los mayores amargados que te ignoran. Porque eres la flor de primavera en medio del invierno gris, inocencia adelantada, ojos almendrados, tristes y sabios, torbellino de energía, espíritu alegre que a veces se va perdiendo. Pequeños duendes que nos arrancan una sonrisa de repente y nos hacen acuerdo de que podemos ser felices. Niño, ojalá nos veamos pronto. Que llegues en hora a la escuela y sano y salvo a tu casa.