El murmullo del mar de la casa de Pablo Neruda nos
hipnotizaba.
Mirábamos el mar, embelesados por ese regalo que la naturaleza nos daba,
Sentada en el banco, ante la inmensidad celeste,
sentí que era el lugar donde el poeta contemplaba la naturaleza infinita.
Tal vez allí mismo escribió una de las cartas de amor a Matilde, su amor más apasionado.
Tal vez pasaba las tardes allí con ella.
Me sentí afortunada de tener algo en común con el poeta andino,
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| Mar de Isla Negra, Casa de Pablo Neruda. Litoral, Chile. |
Las olas se fundían en pasión fría con los murmullos marinos,
para luego traerlos junto con reflejos frescos de agua aturquesada.
para luego traerlos junto con reflejos frescos de agua aturquesada.
Mirábamos el mar, embelesados por ese regalo que la naturaleza nos daba,
ese instante perfecto de aroma salado y viento que nos invadía
los oídos.
Qué versos habrá traído ese mar.
Cuántos instantes perfectos habrán inspirado a Pablo Neruda.
Qué versos habrá traído ese mar.
Cuántos instantes perfectos habrán inspirado a Pablo Neruda.
Sentada en el banco, ante la inmensidad celeste,
sentí que era el lugar donde el poeta contemplaba la naturaleza infinita.
Tal vez allí mismo escribió una de las cartas de amor a Matilde, su amor más apasionado.
Tal vez pasaba las tardes allí con ella.
Me sentí afortunada de tener algo en común con el poeta andino,
de compartir la naturaleza, ese mismo murmullo,
ese viento salado que hace más de 50 años susurró en sus oídos.
ese viento salado que hace más de 50 años susurró en sus oídos.
